A las piñas por ¿Peña?

La necesidad del gobierno de hacer algo para enfrentar la crisis dividió, por una vez, el batallón mediático del oficialismo: Magnetto trabajó descaradamente para hacer caer a Peña y, hasta el domingo 2.9, debió dar un paso atrás, en tanto La Nación es mucho más cautelosa y dice que el jefe de la pandilla electrónica sigue hasta el final.

   Estas dos naves insignia del periodismo oficialista, con sus primitos y sobrinitos de todo el país repitiendo títulos y opiniones como loros, conservan no obstante una coincidencia de fondo: censurar el dato de la salida permanente de dinero argentino al exterior. No informar quién hace las ganancias afuera con la complicidad de adentro, quiénes en el macrismo se están llenando los bolsillos con este formidable servicio a la carroña financiera internacional.

  La tapa del viernes de Clarín puso en lugar muy privilegiado la nota de su capo de redacción, Kirschbaum: “La realidad impone cambios”. Cambios “urgentes”, dice esa nota. Magnetto ofreció la fórmula: “Los ministros pueden tomar la iniciativa y renunciar para que Macri decida”. Y el “cambio urgente”, agregó la nota, no puede pasar por algún ministro que sea un perejil, que no le importe a nadie.

   Respaldó Bonelli la operación ese mismo día: los que piden el cambio político son los capos de Wall Street. El tándem Vidal-Larreta contra Peña, Dujovne contra Caputo, Macri que habla sin haber acordado con el FMI, Lagarde -enamorada de Macri- se enoja, discuten. Al final el FMI “acompañará” pero hay que hacer más ajuste, qué remedio: y ese ajuste económico incluirá el “ejército” en las redes, tecleó Bonelli, que cuesta 200 millones.

   Pero el sábado Clarín da por “firmes” en sus puestos a Peña y Dujovne, mientras el editor Roa hace de bobo para los bobos, trayendo lo de las “bombas K”. En cambio, Lanata hace de matón: si esta semana el gobierno no cambia, “en pocas semanas no va a haber gobierno para cambiar”. Es una frase destituyente, pero a ningún macrista se le ocurrió denunciarla porque no la dice un K.

   Poco acostumbrado a ceder, el domingo Magnetto hace titular que cae el poder de Peña, en medio de la danza de la liquidación de ministros, que entra o no Melconián, etc. Pero, otra vez Kirschbaum, dice que Macri “ató su propia suerte en una frase: Marcos Peña soy yo”. Y pregunta, entonces, ¿de qué cambio se habla? Clarín está enojado y dice que si las “principales piezas no se mueven” todo será pura cosmética. Y el que está en duda, agrega, es el ¿ex? empleado de Magnetto, Dujovne.

   Disconforme con esta tozudez de Macri, Clarín menciona en esta nota y en otra separada a “peronistas” buenos que vienen asomando: Massa, Urtubey, Pichetto, Manzur, Lavagna, enumeró González. Massa, Pichetto, Lavagna, Urtubey, Manzur “y tal vez” Schiaretti, enumeró Kirschbaum (son notas “distintas”, no es que firmaron juntos).

   Y lloriquea Van der Kooy, porque Vidal y Larreta, siendo los macristas con mejor imagen, no consiguen en Macri el lugar que se merecen, porque “en el oído presidencial siguen tallando otras voces”.

   En cambio, La Nación no toma riesgos con Peña, trata los mismos temas pero con muchísima cautela y hasta con desvarío, como el viernes, que Obarrio dio por desestimados cambios en el gabinete. Olivera también hace un papelón: dice que revivió el “prejuicio” de empresarios que opinan que Macri carece de capacidades y que el que maneja todo es Peña.

   Laborda, aparentemente corajudo, habla de “crisis de liderazgo” de Macri. Hace falta el “peronismo racional”, el que es anti-K, pero este peronismo “observa con desconsuelo” que aún con la tremenda operación del fotocopiazo Cristina “gana centralidad”. Y eso les da miedo a estos peronistas buenos.

   Y así llegamos, el domingo, a Morales Solá, con un cerrado macripeñismo. Luego de una singular descripción del cuadro, en la que no podía faltar la mención de la “maldita herencia” y los malditos K que todavía existen y respiran, viene la apuesta de fondo: “Peña se irá del gobierno cuando se vaya Macri”. Es ingenuo pensar otra cosa y además, pregunta, sin temor al ridículo: ¿por qué culpar a Peña de la situación económica si él es un ministro político? Así que los que piden la cabeza de Peña son “los que trabajan para debilitar a Macri”.

   La verdad, no se puede saber si esta “pelea” es real ni qué está en disputa entre estos segmentos, qué negociados, qué dinero: lo que sí sabemos es que respaldan ciegamente que la riqueza argentina siga siendo succionada por poderes sin rostro, respaldan que caiga el salario real y que aumente la desigualdad y respaldan un “plan B”: un grupo que, a nombre del peronismo, sea garantía de una razonable continuidad. Como un macrismo sin Macri, si la historia inmediata lo lanza a las cloacas.