¿Alta en el cielo?

El sociólogo y ensayista Horacio González analiza el valor de los símbolos, como la bandera argentina, a raíz de la escenografía montada para ponerla a espaldas de la directora del FMI, Christine Lagarde, en el anuncio que compartió con el ministro Dujovne. En una nota en La Tecla Eñe, el ex director de la Biblioteca Nacional afirma que el macrismo busca un imposible, “que el mundo se despoje de símbolos”.

   González abre su reflexión preguntándose si hubo un “descuido” en esa acción en el Consulado argentino en Nueva York.

   Considera luego varias posibilidades respecto de la presencia de un símbolo como la bandera, por ejemplo “como pacto entre conjuntos humanos que regulan una deuda -cualquiera sea-, a través de un signo convenido”.

   Puede darse el caso de su uso como “signo displicente”, como “cualquier otro del paisaje, una mesa, una copa, u árbol”, o también “puede haber una bandera diseñada como objeto de unción”.

  “El símbolo -continúa- vive siempre varias vidas, la de inmersión en la ignorancia colectiva y su recuperación para el significado tenso -porque un símbolo es siempre una tensión espiritual-, y entonces será una expresión que se presentará como resurrecta, insurrecta, o recobrada por el tiempo que sea necesario, para la veneración, la religiosidad o la irreverencia política”.

   Tras citar algunos de los montajes en los que suele incurrir el macrismo en sus operaciones de comunicación, como la supuesta visita espontánea de un dirigente a una casa de barrio o la presunta presencia casual del presidente en un colectivo suburbano, afirma que el dispositivo oficialista busca “el fin de las simbologías, de las creencias, de los signos pasionales, de la diferencia entre lo artificial y lo vital”.

   El macrismo “vive en el reino dañoso del desinterés por los vínculos entre el lenguaje y el mundo”, afirma González.

   La nota completa de La Tecla Eñe está disponible en este enlace:

Sinceramiento y estupidez – Por Horacio González