Christine presidenta

Está en duda que Macri pueda lograr la reelección. Y está en duda la suerte de Vidal, o si habrá un peronista rubio con chances de ganar. De lo que no dudan los columnistas del oficialismo de Clarín y La Nación es que el FMI determina lo que debe hacer quien gane las elecciones de 2019: se hará lo que dice Christine Lagarde.

   Es que, como teclea el domingo 22.7 el jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, “la dureza del ajuste, la caída del salario real y del consumo” es camino “inevitable si se quiere recortar el déficit”.

   Y las críticas al FMI se deben a “pasiones atávicas cultivadas por el cristinismo”, hace eco Morales Solá en La Nación. Es que Macri recurrió al Fondo porque era la mejor “solución”, ante el déficit y la falta de financiamiento externo.

   Si hace falta, para defender esta línea Morales Solá no le teme al ridículo: dice que la cartita de protesta de la CGT a Lagarde se parece a lo que Menem-Cavallo hicieron en 1989 en sus operaciones contra Raúl Alfonsín, activando la guerra financiera internacional contra el presidente radical.

   En las elecciones de 2019, tipeó González, editor de Clarín, el sábado, el protagonista será el FMI, pues le recordará a quien sea presidente que “ya no hay margen para gobernar el país con déficit fiscal”.

   Macri “debió volver” al FMI para cumplir con el “mandamiento” que la Argentina “no respeta desde hace 70 años”- ¡Qué casualidad! Es el mismo arco temporal que cada día menciona Macri. “Es curioso que la Argentina necesite de la tutela del Fondo Monetario para hacer lo que debe hacer desde hace mucho tiempo”, dice el “periodista”.

   Es decir, sintetizando, Clarín y La Nación son más efemeistas que macristas.

   El resto de los esfuerzos está puesto en proteger a Vidal y Cambiemos ante el desastre político por el dinero negro de las campañas de 2015 y 2017.

   Las noticias fueron censuradas durante semanas por los diarios oficialistas, pero ahora, abatidos por las evidencias y la circulación de los hechos por las redes gracias a Juan Amorín y El Destape, tienen que abocarse al tema.

   La estrategia es tan potente como grotesca: Vidal nada nada sabía, “le estalló” el escándalo, que en definitiva desnuda una práctica en la que todos incurren por igual, pero sobre todo el kirchnerismo, y hasta el Frente Renovador. Todos iguales, todos “en el lodo”. De la furia por el conocimiento de los hechos se hicieron cargo Lanata en Clarín y Sirvén en La Nación, con unos buenos insultos a El Destape.

   También Fioriti, en Clarín, presenta a la gobernadora como “sorprendida” por el dinero negro en su campaña, dando órdenes, hasta echando a una amiga del alma. Pobrecita, ella nunca supo de estas cosas, es un angelito.

   Dos curiosidades: ninguno de estos dactilógrafos le da algún volumen el viernes, sábado y domingo, a la conferencia de prensa de Macri del miércoles, evidencia de que su desempeño fue bochornoso y es mejor olvidarla.

   La segunda: volvió después de varias semanas Julio Blanck, el periodista de guerra. Se ocupa de Tinelli y de la posibilidad de que se lance a la política, en su condición de “referente popular indiscutible”. Dice que Macri lo convidó a que lo haga, en una cena que armó Juliana Awada, de quien así nos enteramos que es capaz de hacer algo más que organizar trabajo esclavo en sus negocios textiles.