Despenalización: medios con Macri, aunque incómodos

Los diarios Clarín y La Nación, faros del sistema mediático que sostiene a la élite en el poder, se deslizaron entre el apoyo infaltable al presidente, la estigmatización a las expresiones masivas -con culpabilización directa al kirchnerismo-, y la falta de información indispensable para entender el problema, al llegar el 13 de junio, día de la votación en Diputados del proyecto para despenalizar la interrupción del embarazo.

   COMUNA

 

   Los columnistas principales de los diarios oficialistas celebraron con fervor cuando Macri tomó la iniciativa de poner el tema en la agenda legislativa: mostraron que los gobiernos del kirchnerismo no lo habían hecho y se regodearon con la novedad de un empresario que, acusado de conservador y retrógrado, con evidentes inclinaciones machistas que ellos no mencionaron, le arrebatara una bandera al progresismo. Hasta allí, felices.

 

   A medida que se aproximó el debate en el plenario de Diputados estos columnistas que a menudo van a tapa, Kirschbaum, Van der Kooy, Roa, Morales Solá y Pagni, entre otros, fueron escapándose del tema, dejaron de mencionarlo, y se abocaron a proteger a Macri ante la situación económica, a aplaudir el blindaje que el Fondo Monetario Internacional le dio al presidente y a culpar al gobierno precedente por la inflación, el déficit fiscal y la corrida cambiaria.

 

   Entre muchas otras coincidencias, estos columnistas siempre aplauden las acciones de Macri, a quien le atribuyen asiduamente aciertos. Cuando objetan o critican alguna acción del oficialismo el tono es siempre cauteloso y nunca involucra a Macri: se dirige al gobierno, a la alianza Cambiemos, a algún ministro.

 

   Este cuidado férreo de la figura presidencial incluye el 13 de junio, en La Nación, un artículo destinado a afirmar que Macri ya se anotó el triunfo político de haber instalado el debate del proyecto de despenalización, independientemente del resultado en el Legislativo.

 

   Por lo demás, en estos medios el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo los ha impactado e incomodado igual que a todas las fuerzas políticas, transversalmente.

 

   Sin embargo, de acuerdo con un estudio realizado por el Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales (COPES) de la Universidad de Buenos Aires, divulgado por Página 12 el lunes 11 de junio, 60 por ciento de la población está a favor de la despenalización del aborto, hecho que también se vio reflejado ampliamente en las redes sociales, en las movilizaciones del 8 de marzo (Día de la Mujer) y el 4 de junio (Ni una Menos) y en las manifestaciones de diversos movimientos de mujeres de los más diversos espacios sociales. 

 

   Esas encuestas casi no son citadas en los medios dominantes y, en cuanto a la movilización popular, campea un tono de condena. La intención de estigmatizar a las mujeres movilizadas queda en evidencia cuando los columnistas ponen al kirchnerismo y a la izquierda como motor principal. Lo hace el mismo 13 de junio Eduardo van der Kooy, en Clarín, cuando dice que “los K” promueven el “alboroto callejero”.

 

   La Nación del 13 de junio en versión impresa puso el debate en Diputados como título secundario. En su versión en línea, presenta el tema con una ilustración que da exactamente el mismo espacio y la misma densidad a movilizaciones a favor y en contra de la despenalización, lo que expresa un acto de grave manipulación informativa.

 

   Si hay algo que está claro es que el debate se instaló en la sociedad más allá de la decisión de los medios de comunicación y que las posturas antagónicas atravesaron a los argentinos y a las argentinas de todas las edades.

 

   Sin embargo, los medios dominantes contribuyen al empobrecimiento del debate y a quitarle profundidad, por ejemplo mencionando solo ocasionalmente, si es que lo hacen, las consecuencias de la práctica del aborto clandestino. No aparecen con suficiente visibilidad las cifras de las mujeres víctimas de esta práctica ni el negocio fabuloso que se esconde en la clandestinidad, con la obvia participación de “prestigiosas” clínicas privadas.

 

   El 13 de junio La Nación intenta avanzar con el número de abortos clandestinos: lo hace reflejando declaraciones de Victoria Freire, del Observatorio de Géneros, quien habla de 500 mil personas por año sometidas a esta situación. Le contrapone a una diputada radical, Soledad Carrizo, quien rechaza esa cifra. El diario no busca ninguna otra fuente ni emprende indagación periodística alguna para que el lector tenga más datos para interpretar la magnitud del problema de salud pública planteado.

 

   Este mismo día una editora de Clarín, Diana Baccaro, consigue diferenciarse de la tónica habitual del diario frente al proyecto: habla de un tema de salud pública, dice que lo que está en juego es un proyecto de igualdad de derechos entre personas de recursos económicos muy diferentes y marca la falta de aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral, cuya fecha de aprobación se esmera en recordar: 2006.