El bolsonarismo argentino

La figura de una “insurrección” kirchnerista y de la izquierda, la manifiesta ofensiva xenófoba con el muy promocionado senador Pichetto como cabecilla y hasta el grotesco de asociar a los curas de la misa de Luján como reedición de los obispos de la “liberación” de los 70 muestran a Clarín y La Nación instalando una apenas disimulada versión argentina del bolsonarismo.

   Ambos diarios se esmeran en estos días, y en especial el domingo 28 de octubre, en difundir listas negras de opositores: nombran a personas y organizaciones, incluso a medios y periodistas, a los que ponen como parte de un plan “insurreccional”.

   Es una macarteada mediática que no tiene precedentes desde la recuperación democrática de 1983, y que está a un pasito de apelar a la figura videlista de la “subversión”.

   Hubo una orden obedecida sin matices para que la acción de los infiltrados en la manifestación del miércoles, paso previo ya clásico en el macrismo para desatar la ferocidad policial y frustrar la protesta, fuera convertida en insurrección e ilegalidad opositoras.

   El jueves, los títulos “noticiosos” de Infobae, Clarín, La Nación, Perfil, abrieron esta maniobra. Avalaron, repitieron, multiplicaron, con sus firmas, Helfgot (Clarín), González (Clarín), Pagni (La Nación), Morales Solá (La Nación), el jueves. Bonelli (Clarín), Kirschbaum (Clarín), Pagni (La Nación), el viernes. Ortelli (Clarín), Van der Kooy (Clarín), Borenzstein (Clarín), Fernández Díaz (La Nación), Morales Solá (La Nación), Ini (La Nación), Sirvén (La Nación), Rodríguez Yebra (La Nación), el domingo. Es decir, escribas de primera línea, de segunda y de cuarta, todos en el batallón.

   La opereta incluye una manifiesta macarteada, apunta nombres y siglas. Van der Kooy, el columnista que en su momento escribió que Santiago Maldonado se había “esfumado”, habla de legisladores que combinaron oposición en el recinto con violencia en la calle. Luego pasa a una descripción propia del ADN videlista de Clarín: dice que en Luján el obispo Radrizzani “salvando las escalas, hizo memorar a los trágicos ’70 cuando muchos obispos militaban en pos de una ‘liberación salvadora’”.

   Así, pasa a los K e izquierda con una “hoja de ruta” para frustrar la sesión del miércoles, haciendo una lista de culpables. Menciona a SUTEBA, Yasky, Hebe de Bonafini, ATE, trabajadores de Río Santiago, y los intendentes Ferraresi de Avellaneda y Secco de Ensenada.

   “El cristinismo al borde de la insurrección” titula Morales Solá el domingo en La Nación, siguiendo la misma matriz, también con su lista: ATE, CTERA, “Los Octubres”. Suma a legisladores K y de izquierda con sus discursos “patéticos”, entre ellos Moreau y Felipe Solá. Y pregunta, con Pichetto, si en adelante no hay que cerrar toda la zona del Congreso. “El Congreso es solo uno de los teatros posibles de la insurrección”.

   En el mismo diario, una tal Candela Ini hace una lista de agrupaciones culpadas del clima “insurreccional”, menciona sus consignas, lo que escribían en las redes. Va sobre todo contra los grupos de izquierda, y agrega al dirigente social Lito Borello y a “La Simón Bolívar”, a la que llama cristinista.

   Sirvén, también en La Nación: habla de “tirapiedras” derrotados, adentro y afuera del Congreso. Habla de “alzamiento” en ambos ámbitos. Señala a Rossi, Moreau y Donda. Y a C5N y el Gato Sylvestre, por cómo trataron el tema.

   “Salvando las escalas”, diría Van der Kooy, el bolsonarismo a la Argentina toma posición también con la ofensiva xenófoba que encabeza Pichetto, figurita repetida desde el jueves en Clarín y en La Nación, con espacio generoso a declaraciones, proyectos y reportajes, como ocurre este domingo 28.

   Con más esmero que los represores Bullrich y Macri, con más enjundia que la que exhibe habitualmente la más retrógrada derecha argentina, Pichetto quiere ser la cara excluyente de este brote de intolerancia cuyo volumen, parece, aún está por verse.

   El desastre económico que caerá sobre el país a raíz del presupuesto impuesto por el FMI, con su impacto en la educación, salud, inversión social, jubilaciones, salarios, ni siquiera escala al segundo plano de las operaciones mediáticas.

   Apenas Bonelli, el viernes, atiende la supuesta disconformidad de Vidal por la plata que, se dice, Macri le quita, y que es un condicionamiento directo de Peña-Dujovne al plan electoralista de la gobernadora. Dijo Dujovne sobre Vidal, según el columnista: “Si quiere ser presidenta, que sea con su plata”.

   Hasta hace una semana esta interna ocupaba a la mayoría de los columnistas, preguntándose por el plan B ante las muy adversas perspectivas electorales de Macri en 2019. Ahora dejaron el tema. Se hicieron cargo de la tarea de marcar a los indeseables, argentinos y extranjeros. Bolsonarismo blanco y celeste.