El flan, símbolo y significante

Al rastrear el origen de la palabra que predominó en los medios de comunicación en los últimos días, no se entendió si flan consistía en un sinónimo despectivo, un producto suntuoso o un elemento de coima. Esta nota intenta desmenuzar el sentido de su utilización y la confusión instalada. Nadie sabe hoy qué quiere decir “flan”.
 
 

María del Carmen Gallo

El actor Alfredo Casero, durante una entrevista con Alejandro Fantino por canal América el viernes 17 de agosto, se refirió a una familia de doce personas cuya casa se incendiaba y sus habitantes solo pedían flan a pesar de ver en llamas el hogar. Lo insólito radicó en que la pregunta de Fantino fue qué pensaba el actor sobre Mauricio Macri y la situación económica actual.
 
Objetivamente, cualquiera puede reproducir el video de esa entrevista y ver lo descrito. Ahora bien, es conocida la inclinación política de Casero y sus condenas permanentes a funcionarios del anterior gobierno, que tal vez fueron los aludidos con esa metáfora. No se sabe con certeza si la intención del actor fue desviar el tema o describir con una parodia el momento de crisis actual.
 
Fue así que el día después del reportaje aparecieron, como por coincidencia, imágenes del presidente Macri y del intendente platense, Julio Garro, comiendo el postre de la controversia planteada por Casero. ¿Comían flan para evocar qué?
 
Más tarde sucedió también que, durante la marcha en la Plaza de los dos Congresos de militantes de Cambiemos que pedían la quita de fueros a la senadora Cristina Fernández de Kirchner, se entonaba fervorosamente el cántico “queremos flan”.
 
Vale la pena detenerse a analizar la metáfora de una familia de doce personas remite a la descripción peyorativa de las mujeres pobres que se embarazan para obtener planes sociales. Por otro lado, el flan es más bien un alimento asociado a la clase media ya que el choripán es el característico de los sectores populares. 
 
La casa incendiada sería el país, pero hay que ver a cual país se refería. ¿Al de 2015 que enviaba satélites al espacio, chicos con netbooks en las escuelas, servicios básicos accesibles y baja mortalidad infantil entre otras cosas? ¿O el país que a partir de 2016 cambió la política económica haciendo crecer el empleo en negro, liberando impuestos a las grandes corporaciones, bajando el presupuesto universitario y aliándose con el FMI?
 
Si usamos la imagen de Casero en el primer ejemplo de país la ecuación no cierra, más si la encuadramos en el segundo sería una descripción perfecta del acontecer en la plaza congreso durante la sesión de senadores. Personas que mientras se incendia una casa piden comer un postre con leche, huevos y azúcar. Elementos básicos de la canasta familiar que cada día asciende más en sus costos. 
 
Cabe mencionar la intervención del senador Esteban Bullrich, quien en esa sesión donde se trataba la aprobación de los allanamientos a las propiedades de la ex presidenta, usó una nueva connotación para este postre como sinónimo de coimas a la justicia durante el kirchnerismo. 
 
El teléfono descompuesto pasó de ser un juego de niños a consumarse en una práctica común del escenario donde los medios, la opinión pública y los actores políticos se desoyen para profundizar las barreras del desentendimiento mutuo.
 
En síntesis, las universidades están de paro, todos los días hay nuevos despidos, los bienes de consumo están cada día más caros, los impuestos suben y mientras tanto se nos fue el tiempo mediático en una ensalada de interpretaciones sobre qué quisieron decir distintos personajes al utilizar en sus exposiciones el clásico postre de la abuela.