Estrellas anti feministas

 
Desprestigiar al feminismo, tergiversar y desviar sus tomas de posición, ridiculizarlo, son recursos que el dispositivo de supremacía machista usa para sostenerse. El tema es analizado por María del Carmen Gallo, integrante de COMUNA, a propósito de pronunciamientos recientes de las llamadas “estrellas” del espectáculo local.
 
 
 
 
 
 

Por María del Carmen Gallo
 
Es sabido que desde el patriarcado se desacredita al feminismo constantemente ya que desafía su liderazgo, redobla la apuesta para poner en discusión la capacidad de toma de decisiones del varón en desmedro de la mujer, es vanguardista en los métodos de lucha y se nutre en forma permanente de argumentos provistos por la realidad compleja que atraviesa la sociedad.
 
Ahora bien, resultan hasta insólitos los mecanismos de defensa de los cuales se sirve el machismo para mantener su supremacía a través de los medios de comunicación y banalizar los propósitos tan perseguidos por diferentes colectivos de mujeres a través de los años.
 
Existe una intencionalidad manifiesta de informar mal sobre lo que es el feminismo como movimiento, apoyada en declaraciones peyorativas de celebridades locales que lo tipifican como negativo, reaccionario, violento, imperativo, irracional, descontrolado. 
 
Todo movimiento que persigue objetivos cuenta entre sus filas con miembros que se destacan realzando las luchas y metas buscadas pero también no hay que olvidarse que contienen sujetos que, con o sin sentido, boicotean el fin buscado por la organización, logrando una percepción errónea en los potenciales adeptos.
 
Usar tacos, combinar prendas, vestirse sensual, conformar una familia, ceder ante un desacuerdo con el género opuesto, aceptar menor remuneración por puestos históricamente masculinos, entre otras cosas, son características que para el “star system” local solo hacen a una mujer aceptable.
 
Cantantes, actrices, actores, modelos, todas y todos renombrados, han dejado claros los motivos que los alejan de aquellas luchadoras por el derecho a la vida, a la paridad de paga por igual trabajo o a decidir sobre el propio cuerpo. La imagen que quiere imponerse es la de las feministas como desestabilizadoras del orden, parásitos molestos que generan malestar y a las que es preciso defenestrar.
 
Nunca prevalecen las opiniones a favor de “famosos” por el feminismo y sus objetivos, o si aparecen rápidamente son contrapuestas por un némesis adorador de las buenas costumbres propias de las mujeres copadas, aquellas que colaboran y no hacen ruido, esas que tiran por la borda la condena a los femicidios de Araceli, Romina y tantas cuyos nombres no se retienen, porque son muchas.
 
Seguramente la desinformación haya sido la fuente de varias de las declaraciones sin sentido de estas personalidades que trascendieron en los últimos tiempos y la maquinaria patriarcal se sirvió de eso para obtener espacios, pero lo que tal vez esté fuera de control y vaya ganando conciencias sea la masificación del movimiento en búsqueda de la igualdad de derechos y justicia para tantos femicidios que se multiplican día a día.