Globo se opone a elecciones para nombrar sucesor de Temer

 

 

La posibilidad de elecciones directas, para que el pueblo brasileño elija al reemplazante del presidente Michel Temer, cuya permanencia en el cargo se considera prácticamente imposible, fue rechazada por el grupo Globo, artífice de la destitución de Dilma Rousseff.

   

  El viernes 19 de mayo, mientras Temer persistía en su intento de mantenerse en el cargo usurpado a Rousseff en 2016 mediante una maniobra parlamentaria, el  Grupo Globo fijó posición diciendo que la salida institucional debe darse en el Congreso.

   La nota, publicada en el diario O Globo, en el espacio editorial, elogia un pronunciamiento de Celso de Mello, ministro del Supremo Tribunal Federal (corte superior), quien el jueves 18 difundió una nota diciendo que “más que nunca hay que obedecer la Constitución y las leyes”.

   Globo, sin cuyas operaciones la destitución de Dilma Rousseff habría sido imposible, salió al cruce de la iniciativa de la izquierda para que haya elecciones directas anticipadas, para lo cual debe aprobarse previamente una enmienda a la Constitución.

   La publicación Carta Maior (Carta Mayor), que se define de izquierda, afirma que Globo ya tiene una estrategia, después de poner a Temer al borde del abismo con la difusión de grabaciones en las que el ex compañero de Rousseff habla con un empresario del pago de sobornos para mantener en silencio a Eduardo Cunha, el diputado que en 2016 llevó adelante las operaciones para destituir a la Presidenta y que ahora está encarcelado por corrupción.

   Las figuras de recambio en las que piensa el grupo empresario que detenta cientos de medios en Brasil, entre diarios, canales nacionales y de los estados y ciudades, radios, revistas y portales y blogs de internet, son Henrique Meirelles, ministro de Hacienda de Temer, y Gilmar Mendes, presidente del Tribunal Superior Electoral, dice Carta Maior.

   Ambos, agrega, llevarán adelante el plan que Temer puso en marcha: la reversión de las políticas de redistribución de la riqueza de los gobiernos de Luiz Lula da Silva y Rousseff, la reforma del sistema previsional, la caída de derechos de los trabajadores (“flexibilización”) y la apertura de las reservas petroleras cuantiosas que tiene el país a grandes corporaciones internacionales.

   A pesar de la ofensiva que Globo y la mayoría de los medios convencionales mantienen contra Lula da Silva, el ex presidente es el político con mayor popularidad y tiene posibilidades de imponerse en elecciones, según encuestas que vienen marcando esta orientación desde la crisis de 2016.

   Mientras era convocada para el domingo 21 de mayo una jornada nacional de manifestaciones para reclamar elecciones anticipadas, Globo insistió en su editorial en describir a Lula da Silva como “jefe de un sistema de corrupción que funcionó en sus gobiernos y en la gestión de Dilma”.

   La generalización de la sospecha de corrupción fue crucial para derrocar a Rousseff, pese a que ella no recibió entonces, ni después, ninguna acusación específica: de hecho fue destituida por reorientar el uso de algunas partidas presupuestarias, una práctica habitual en todos los gobiernos del mundo.    

   “La élite golpista sabe dónde quiere llegar”, escribió Carta Maior, que agregó sobre el hecho de que Globo golpeó duramente a Temer, a quien ungió en la presidencia: “Si es preciso, puede hasta llevar al sacrificio a algunas piezas para afilar la guillotina y cortar los derechos políticos de Lula; colocar a Meirelles o a Gilmar en el comando del Estado y concluir las reformas que revocan los derechos sociales”, establecidos en la Constitución de 1988.

 

 

   La información en la Argentina

 

   La situación agonizante de Temer motivó varias notas de opinión en los diarios argentinos. Columnistas de Clarín y La Nación persisten en una postura editorial que parte de justificar y adherir a la destitución de Rousseff,  para lo cual la siguen vinculando a una corrupción generalizada.

   Una de las características de estas notas es que presentan a la justicia brasileña como un ejemplo que la Argentina debería imitar, y como un oasis de rectitud ante el desastre de la “clase política”. Para desarrollar ese argumento se dejan de lado hechos esenciales, como el caso del juez Sergio Moro, considerado “estrella” del caso conocido como “Lava Jato”, quien coordina sus acciones con el grupo Globo, en especial en su estrategia contra Lula da Silva.

   En notas publicadas el viernes 19, Ricardo Kirschbaum y Marcelo Bonelli, de Clarín, y Carlos Pagni, de La Nación, mencionan a la empresa brasileña Odebrecht, acusada de corromper a funcionarios de infinidad de países para conseguir ventajas en las obras públicas: ninguno de los tres artículos menciona a Gustavo Arribas, amigo y socio del presidente Mauricio Macri, jefe de la Agencia Federal de Inteligencia, y que fue acusado de haber recibido giros de la empresa brasileña por lo menos por 800 mil dólares.