La alquimia de la muerte

Los medios dominantes intentan erigir a Alberto Nisman como un funcionario judicial ejemplar. Censuran la información sobre una trayectoria que el periodista y escritor Juan Carlos Martínez recupera en esta nota.

   Por Juan Carlos Martínez *

Dejo a salvo la intervención del Ministerio Público Fiscal durante la instrucción y el desarrollo del debate como guardián de la legalidad”.

   Esto lo dijo Alberto Nisman cuando alegó en el primer y único juicio que se realizó por el atentado a la AMIA, conocido como el de la “conexión local”.

   Ya sabemos cómo terminó. El 29 de octubre de 2004 el Tribunal Oral Federal Nro. 3 de Capital Federal  nulificó todo el juicio, absolvió a todos los imputados y denunció penalmente al juez y a los dos fiscales Mullen y Barbaccia, compañeros de investigación y alegato de Nisman.

   En el mismo alegato Nisman fue el que llevó la voz cantante para solicitar penas perpetuas (las más graves) para la mayoría de los imputados.

   Es decir que Nisman defendió la “legalidad” de aquel proceso vergonzoso donde le pidió prisión perpetua para personas que luego fueron absueltas por lo escandoloso de un trámite totalmente armado.

   A la vez dejó “a salvo la intervención” de sus dos compañeros fiscales que fueron denunciados penalmente por el Tribunal Oral Federal interviniente.

   A pesar de haber  intervenido en forma activa en la causa, como hemos visto, y defender el proceso armado y a sus compañeros fiscales, sorprendentemente Nisman no fue denunciado.

   Los dos fiscales, el juez Galeano y otros personajes son los que deberán ser juzgados por encubrimiento próximamente. Este es un reclamo de todos los familiares de las víctimas de la AMIA  y de organizaciones comunitarias judías.

   ¿Por qué Nisman no fue denunciado también? Es una incógnita inexplicable que ha quedado en el olvido, sepultada por todo el barro que echaron encima de la causa.

   La verdad histórica es que  el señalado “significante” de la Justicia, el paradigma de funcionario judicial, el mártir de la verdad- Nisman- pidió penas perpetuas para personas que debían ser absueltas.

   Nisman avaló un proceso vergonzante declarado nulo y defendió a sus compañeros fiscales, a los mismos que ahora serán juzgados por su actuación en esa causa, es decir, por encubrimiento.

   ¿Por qué Nisman no estaría en el banquillo? Es algo inexplicable (o quizás no tanto). Lo lógico hubiera sido que él también integrara el grupo de imputados que serán juzgados por encubrimiento.

   Qué paradoja: el denunciante de encubrimientos fue el primer encubridor.

   La historia posterior es harto conocida: maridaje con la CIA y el Mossad, cancelación de la investigación de la pista siria, demonización de Irán, delegación de la investigación en los servicios de inteligencia mencionados al vomitivo límite de pedir permiso para presentar escritos, hacerlos corregir antes de presentarlos, pedir disculpas por “no avisar” de determinadas novedades procesales y otros actos de sometimiento.

   En un país soberano, una actitud semejante hubiese merecido el más duro rechazo, además de ser considerada un acto de traición a la patria. Pero, claro,  las relaciones carnales con el imperio del Norte aportaron lo suyo.

   No obstante, algunos sectores que se asumen como “defensores de la República” y reserva moral del país, han erigido a Nisman como el modelo de funcionario judicial, significante último de todas las virtudes de un fiscal independiente al que tratan de elevarlo a la categoría de héroe nacional.

   Es más que evidente que los amnésicos voluntarios y oportunistas en nuestro país siempre están al acecho para sacar partido de cualquier circunstancia -la muerte incluida- y hasta son capaces de canalizarla en inexplicables procesos de alquimia.

 

*Juan Carlos Martínez es periodista y escritor, autor de “La apropiadora” (sobre la empresaria Ernestina Herrera de Noble) y de “La abuela de hierro”.