LA MATRIZ COMUNICACIONAL NEOLIBERAL, ACTIVA COMO EN EL GOLPE

El aniversario 42do. del golpe cívico militar del 24 de marzo encuentra en retroceso al sueño de la Argentina de contar con un sistema de medios de comunicación democrático, pluralista, sin actores en posición abusiva y con la población ejerciendo el derecho a acceder a la información indispensable para tomar decisiones con autonomía y en uso pleno de la libertad.
 

Por Comuna
 
   Los bloques de resistencia que en su momento impidieron al presidente Raúl Alfonsín avanzar hacia la erradicación de la legislación retrógrada y represiva impuesta por la dictadura a la comunicación y a los medios, y que apenas retrocedieron durante la primera década del siglo XXI, siguen muy activos en el país y con capacidad renovada para imponer las condiciones que más los favorecen.
 
   Un sistema concentrado, en el que unos pocos títulos noticiosos son repetidos en todo el territorio nacional por centenares de medios pertenecientes a una sola corporación o coaligados en los mismos fines políticos y económicos, representa un condicionamiento a la vida en democracia.
 
   Un sistema en el que un producto televisivo es repetido por decenas de pantallas, orienta espacios de diarios y portadas de revistas, aparece en portales y le es presentado a usuarios de correo electrónico y “redes sociales” pone en evidencia que la Argentina retrocede en materia de circulación de información y opinión, y en el acceso a entretenimiento y a los bienes culturales.
 
   La dictadura cívico-militar que asoló al país entre 1976 y 1983 no pudo haber existido sin una campaña previa, intensa, pertinaz, que preparara el terreno favorable al derrumbe de la democracia, para poner al país en manos de una élite asesina y saqueadora. Esta élite tuvo como primera finalidad retrotraer la distribución de la riqueza a los niveles anteriores al primer peronismo y reacomodar al país en un orden internacional que lo mantuviera no solo en estado primario, con extracción de recursos a favor del mundo “desarrollado”, sino que lo pusiera a merced de la especulación financiera internacional, de la carroña que usufructúa el endeudamiento y que organiza para sí y por sí las guaridas fiscales en las que su acumulación inmoral es custodiada.
 
   Muchas de las condiciones cambiaron entre el régimen que detentó el poder entre 1976 y 1983 y el que ahora está al frente del país, pero hay otras permanentes, en las que el sistema mediático controlado por unos pocos actores está haciendo el mismo trabajo que entonces.
 
   La denigración implacable de todo adversario a la misma élite, las maniobras y campañas de desprestigio contra dirigentes políticos, sindicales y sociales, la estigmatización de las organizaciones que en teoría deben defender los intereses populares, como partidos políticos y gremios, se expresan en términos renovados respecto de lo que fue la propaganda y la desinformación de la dictadura y sus medios aliados, pero con los mismos propósitos.
 
   Si los medios que presentaban a ciudadanos como “abatidos en enfrentamientos” cuando eran víctimas de la represión ilegal hicieron su parte para llevar al periodismo argentino a las cloacas de la historia, también lo hacen ahora cuando presentan como delincuente consumado y peligroso a un niño de 12 años que muere por un tiro en la nuca que le disparó un policía.
 
   No hay aberración comparable con aquellos artículos en diarios y revistas que mostraban a supuestos “subversivos” en procesos de “reeducación” en casas tranquilas y llenas de luz y plantas, mientras miles de personas eran torturadas y asesinadas, y sus bienes saqueados. Pero se acerca peligrosamente a la matriz de ese procedimiento propagandístico inventar que un joven se pasea orondamente por las rutas del país y escribir que se “esfumó”, cuando en verdad fue víctima de un operativo represivo ilegal de la Gendarmería, como le sucedió a Santiago Maldonado.
 
   La ley de medios de la democracia, aprobada en 2009, que concierne únicamente al sector audiovisual, pareció abrir el camino hacia un sistema democrático y plural, con voces de todos los orígenes y colores. Hoy, aquella misma élite saqueadora y asesina la mantiene derogada en aspectos sustanciales, para que el poder mediático esté exclusivamente en sus manos, mientras multiplica acciones para que se cierren medios no afines, con centenares de comunicadores despedidos desde diciembre de 2015.
 
   También con acciones de persecución, amenazas, hostilidad en redes y campañas de desprestigio hacia los pocos comunicadores no alineados, más la montaña de obstáculos levantada para impedir que siguiera desarrollándose la comunicación popular, comunitaria, de las universidades, de los sindicatos, de las cooperativas. Muestra de ello es la manipulación burda que el Ente Nacional de Comunicaciones hizo en estos días de los fondos concursables para el sector audiovisual no comercial, con unos niveles de discrecionalidad que ninguna ley le permite.
 
   Este panorama parece desolador, pero los trabajadores de la comunicación, los de los medios del campo nacional y popular, los sindicatos de radio y televisión, los músicos y actores, los productores y directores de TV y cine, las universidades y los pueblos originarios, ya demostraron que son capaces de reunir fuerzas para avanzar hacia el sueño de la comunicación democrática, y esa misma reunión es ahora imprescindible para contener el avance de los sectores que, hace 42 años, tanto contribuyeron al golpe.
 
                                                                       Buenos Aires, 24 de marzo de 2018