La prensa brasileña central en el proceso contra Lula

El ex presidente Luiz Inacio Lula Da Silva está encarcelado, en uno de los casos judiciales más injustos que se hayan conocido. Ha sido una campaña conservadora que se inició con la destitución irregular de Dilma Rousseff en agosto de 2016 y que estuvo minada de falsedades impulsadas por los medios de comunicación para evitar un nuevo mandato del líder del Partido de los Trabajadores (PT).

 

Por Comuna

 

“Globo golpista” fue una de las consignas que se escuchó en las calles de distintas localidades brasileñas desde que el Supremo Tribunal Federal (STF) rechazó el miércoles pasado un habeas corpus contra la prisión dictaminada por el juez Sergio Moro. Sin la corporación mediática instalando esta operación política y judicial no hubiera sido posible el escenario de hoy.

Lula fue acusado de un hecho que no existió: la compra de un departamento que nunca le perteneció “que acaba de ir a subasta, con lo recaudado para la empresa que es la real propietaria del inmueble. Con eso se generó un proceso absurdo, sin pruebas, con una condena en base a las ‘convicciones’ de quienes lo tratan como enemigo político”, explicó Emir Sader en un artículo difundido por Página 12.

El Movimiento de los Sin Tierra, como todos los que se pronunciaron a favor del principal candidato a las elecciones presidenciales de este año, señalaron a Globo y al accionar de la prensa como parte de la gran campaña conservadora que buscó impedir al dirigente sindical llegar al ejecutivo nuvemante. “Se acabó el vals. Es murra, es guerra, es lucha y venceremos. No habrá tierra que no ocupemos, no habrá edificio público que no ocupemos. Hay que prender fuego a la Red Globo, al diario y al canal”, dijo Alexandre Conceição, del MST.

Una vez conocida la sentencia del STF y la decisión de Moro de ordenar la detención sin esperar las instancias legales correpondientes, desde Brasil empezaron a circular cadenas por redes sociales pidiendo romper el cerco mediático y divulgar lo que estaba sucediendo en el país.

“Nuestros enemigos dicen: aunque se conozca la verdad, no puede ser divulgada. Pero nosotros la divulgamos”, manifestó Jean Wyllys, diputado nacional por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) por Río de Janeiro, fuerza política a la que pertenecía la concejal Marielle Franco, asesinada el 14 de marzo.

No es casual que los pronunciamientos contra la prensa estén más focalizados en Globo. De hecho, el colectivo Intervozes, que brega por el derecho humano a la comunicación, realizó un informe sobre la cobertura de los medios brasileños del juicio a Lula en enero pasado y concluyó que la prensa “incentivó la condena”.

El reporte es minucioso en el análisis de la cobertura realizada por la televisión y la prensa escrita. Destaca el comportamiento del grupo Globo, que prácticamente no dio espacio al acusado y su defensa.

Esta posición de la prensa pudo observarse también en la jornada del viernes pasado, cuando miles de personas se manifestaban tanto en San Bernardo Do Campo como en otros sitios del país ante el temor a la detención de su líder.

No sólo fueron ocultadas esas manifestaciones populares. Intervozes sostiene en un artículo en el sitio web Carta Capital que “en el canal privado de noticias de Globo, los analistas se apresuraron a deconstruir cualquier cuestionamiento público sobre la decisión del STF y de Moro. Gerson Camarotti acusó al PT de intentar crear la narrativa de que la prisión era política. Recordó sádica y oportunamente que, de los seis ministros que negaron el hábeas corpus al ex presidente, cinco fueron indicados por gobiernos petistas”.

En este caso, el comportamiento mediático brasileño no se ajusta, claramente, a los preceptos periodísticos que se requieren para que la población acceda a una comunicación veraz, plural y democrática. Por el contrario, es parte ejecutora de una restauración conservadora en alianza con los sectores financieros, políticos y judiciales del país.