Las palabras acalladas

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La agenda de los medios públicos amerita una discusión más seria y compleja que el reclamo reduccionista, y tan funcional a las empresas privadas de comunicación, de reclamarles un “pluralismo” que, por lo demás, nadie está dispuesto a satisfacer. El tema es abordado en una nota de María Cristina Mata, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba.

   En un artículo publicado en el suplemento La Ventana de Página/12, Mata comienza por citar la demanda de democratización de la comunicación que está focalizada única o prioritariamente en el sector público.

   Ese tipo de postura suele ir de la mano de otras igualmente oportunistas y de ADN liberal, como cuando se afirma que el Estado “debe ser el primero en cumplir”, como si el resto del sistema mediático no estuviera alcanzado por las demandas de inclusión, respeto a los derechos humanos y sociales, al pluralismo y a otros principios que se presumen indispensables en una sociedad democrática.

   Más aún, específicamente en el sector audiovisual, como si no estuvieran alcanzados por lo que dispone la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, en los artículos en que no fue desvirtuada por el gobierno nacional, que la modificó arbitrariamente y por decreto.

   También es común la definición según la cual la exigencia a los medios públicos es más aceptable porque “funcionan con mis impuestos”, como si el sistema mediático privado y con fines de lucro viviera de dádivas de los empresarios y no debieran su mismísima existencia al financiamiento de las audiencias y lectores por vías directas –compra de ejemplares, abonos de TV paga- y semi-indirectas, como la sobrecarga de precio que por concepto de publicidad tiene la mayoría abrumadora de los bienes y servicios que la población consume.

   La problemática compleja respecto de la agenda de los medios públicos es enfocada por Mata con la óptica de proponer que garanticen información a toda la población, incluso y especialmente para quien no puede pagarla, fomentar debates, contribuir al desarrollo cultural y al pluralismo en su sentido más profundo y abarcador, es decir muy por encima del formato de sentar a dos adversarios políticos para que hablen a la vez, intercambiando acusaciones y a veces gritos, durante cinco minutos.

   Dice la investigadora que es usual que “en muchos discursos académicos y políticos se afirme que esos medios deben actuar de manera universal e imparcial, lo que supone pensarlos como espacios de variedad y armonía donde todo cabe y convive en igualdad; medios que por ciertos mecanismos institucionales –su régimen de propiedad y gestión, por ejemplo– deben alejarse de intereses y luchas sectoriales y de cualquier posicionamiento excepto el del bien común que nunca se explicita por quién es definido. En suma, medios extraídos de las condiciones económicas, sociales y políticas propias de nuestras desiguales sociedades y más aún, extraídos de las luchas por el poder”.

   La nota, que avanza con esta observación aceptando la complejidad del tema, está disponible en el enlace siguiente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-313770-2016-11-09.html