Liberación de uso de armas: más peligro para las mujeres

El presidente brasileño, el ultraderechista, misógino y racista Jair Bolsonaro, aprobó por decreto la liberación de portación y uso de armas en el país, que es el quinto en el mundo con más muertes de mujeres mediante la violencia. Cuando la decisión del nuevo gobierno estaba siendo conocida, hubo al menos tres femicidios en pocas horas.

   La historiadora y ensayista Patrícia Valim advirtió en una nota en Brasil de Fato que la medida presidencial representa un peligro directo para las mujeres, un contexto que es negado sistemáticamente por los dispositivos mediáticos que en ese país y en América Latina trabajaron para la toma del poder por Bolsonaro y ahora la respaldan.

   Varios de los aspectos de la medida están siendo ocultados a la población latinoamericana. En la Argentina en especial, ya que el gobierno de Mauricio Macri, apoyado por los medios en posición dominante, desarrolla una línea represiva dura y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se pronunció alegremente a favor de que porten armas todos los ciudadanos que lo deseen.

   En una nota titulada “El infierno son los otros: armas de fuego, mujeres y barbarie”, Valim dice que el decreto de Bolsonaro permite la posesión de hasta cuatro armas por ciudadano, sin establecer requisitos para ello; reduce de 25 a 21 años la edad mínima para comprar armas; y extiende la portación a autoridades políticas y a personas que estén involucradas en procesos criminales e incluso a quienes hayan sido condenadas por crimen culposo.

   Agrega que tras el anuncio, las acciones preferenciales y ordinarias de Taurus, empresa brasileña fabricante de armamentos, tuvieron un ascenso significativo de cotización.

   El mismo día en que se conoció el decreto, 15 de enero, informa, Alighiery de Oliveira, de 25 años, ingresó armado a un centro comercial de Fortaleza y asesinó a su ex compañera, Lidyanne Gomes da Silva, de 22 años, con tres tiros a corta distancia. Luego se suicidó. Por la noche, dos mujeres fueron asesinadas en la región metropolitana de Recife.

   “Esas tres tragedias informadas en un único día demuestran que las mujeres podrán ser las mayores víctimas de la barbarie legitimada por decreto. Si agregamos los datos sobre feminicidios en el país -crimen contra la mujer por el motivo de ser mujer- desde 2015”, cuando se aprobó una ley sobre el tema, “se constata que Brasil es el quinto país que más mata a las mujeres en el mundo. La mayoría de esos feminicidios fueron con armas de fuego, dentro de las casas y cometidos por ex compañeros, compañeros o parientes de las víctimas”.

   Si la política para que la población se arme se combina con estos índices, prosigue, “tenemos una realidad trágica y la posibilidad de un futuro todavía peor”.

   La especialista, que es académica en la Universidad Federal de Bahía, enmarca luego la situación en un recorrido histórico en el que examina que las estructuras de las relaciones sociales tienen su origen en la dominación colonial y las potestades completamente abusivas que los conquistadores se atribuían no solo para tomar posesión del  territorio y sus riquezas, sino también de la población y, más directamente, del cuerpo de las mujeres.

   La base jurídica desigual y retrógrada que Bolsonaro está restaurando se inspira en un código legal de la “primera modernidad”, dice Valim. Ese código “regulaba la vida en la sociedad de Portugal y sus dominios ultramarinos y aseguraba al marido el derecho de matar a la mujer”, por ejemplo ante un acto de adulterio, real o supuesto.

   Entre otros precedentes, menciona que la teoría de la “legítima defensa de la honra” tiene larga vida en Brasil. Desde mediados del siglo XIX hasta cerca de 1970, varios casos de feminicidio llevados a juicio terminaron en absolución, “en razón, sobre todo, del clamor de la sociedad, que así mataba a su víctima dos veces”.

   Valim dice en Brasil de Fato que las organizaciones civiles lucharon y lograron conquistas, pero la continuidad de los crímenes demuestra que “la violencia y la desigualdad aún están vigentes y que las conquistas de la ciudadanía son un proceso transitorio, con flujos y reflujos”.

   Además, advierte que el asesinato es el punto último de un proceso, “es la escalada final, antecedida por una serie de actos violentos como la presión psicológica, la humillación, el estupro, la agresión física y verbal, la calumnia, la difamación de la moral y del carácter femenino”.

   La nota original de Brasil de Fato, en este enlace:
https://www.brasildefato.com.br/2019/01/22/o-inferno-sao-os-outros-armas-de-fogo-mulheres-e-barbarie/