Los colimbas ya no se divierten

El batallón mediático del poder está desalineado y carece de rumbo fijo: de Morales Solá, en La Nación, que se cierra en el fanatismo por Macri y dice que todos los demás son malos (hasta algunos amigos), a Van der Kooy en Clarín, que bucea por alternativas para 2019, pasando por un plan B, con Vidal y Larreta, y algunas descalificaciones a Carrió.

   El peor momento político y económico del gobierno de Macri tiene como consecuencia lógica el desorden en el sistema mediático que lo ungió y lo sostuvo férreamente, pero ahora anda dudando. La única coincidencia se da en la necesidad de garantizar la continuidad en 2019. ¿Quién y cómo? Hay confusión por ahora.

   Solo como ejemplo, este domingo 14 de octubre, Morales Solá escribe que Macri estuvo todo el tiempo al tanto de la decisión de Iguacel sobre las tarifas del gas y lo respaldaba, porque “es lo que hay que hacer”, como dice la propaganda oficial. A unos centímetros otro columnista, si bien de peso muy interior, Sirvén, dice que Iguacel se cortó solo y se mandó una tremenda macana.

   Hay otras coincidencias, sí: por caso para blindar a Larreta y sus juegos juveniles. Clarín y La Nación titulan el domingo sobre el “furor” por los juegos, más cerca del aviso pago que de la noticia. También para blindar a Vidal ignorando la asquerosa decisión que puso en la justicia electoral de La Plata la denuncia de lavado de dinero, usurpación de identidades y uso indebido de información pública por las campañas que ella encabezó, quitándole la causa al juez federal Casanello.

   Después de titular una semana atrás que Cambiemos está al borde del abismo por el nuevo brote de moralismo selectivo de Carrió, Morales Solá ni siquiera la nombra una vez a la diputada. Ni una vez. Consuma esta aberración periodística fugándose hacia un macrismo ciego, con una descripción en la que los radicales, los peronistas buenos y malos y hasta el fiscal Marijuán, con su denuncia a Iguacel, le hacen el juego al demonio mismo, Cristina. Llorisqueo, queja, lamento por la “resaca populista” de la que solo se salva Macri.

   Ninguna otra nota política en ambos diarios alcanzó estos extremos de ridículo. En Clarín, van der Kooy, navega cauteloso con un diagnóstico: en 2019 tal vez no puedan ganar ni Macri ni Cristina, y esto deja un espacio vacío que alguien ocupará. Cita el ejemplo de Bolsonaro en Brasil y, aunque reconoce diferencias, dice que la Argentina está ante el “desafío” de recuperar un “equilibrio” que “electoralmente no estaría representando nadie”.

   Están sí, los peronistas más o menos aceptables, como Urtubey, Schiaretti y Pichetto, pero no despegan, y Massa, a quien pone en alianza con Moyano, aunque Moyano está en alianza con Cristina.

   Cristina no puede hacer casi nada para recuperarse, se ilusiona, porque ya sabemos que para el calendario de campaña 2019 están previstos los juicios contra ella. Macri podría hacer más, dice, pero está la recesión galopante y encima mete la pata. Y allí Carrió, se queja, porque condiciona el “liderazgo” de Macri y “se apropia de la lucha contra la corrupción”.

   Van der Kooy no dice cómo hará el dispositivo que tiene el poder para conservarlo en 2019. Ni lo dice ningún otro columnista de Clarín y La Nación.

   En ese contexto, ambos diarios se compadecen con Vidal, que según un tal Carelli Lynch, de Clarín, está “cansada, molesta y decepcionada”, porque el gobierno nacional le saca plata. En el mismo diario, González dice que Macri es el plan A para 2019, pero hay un plan B, con Vidal y Larreta. Muy parecido a lo que escribió en La Nación, el sábado, Gabot: Vidal tiene diferencias con el gobierno nacional y se aleja.

   ¿Y qué piensa Magnetto de Carrió? El sábado Roa, segundón de Clarín, dice que se le va la mano, y la define como “máquina de construir y romper partidos y frentes electorales”. Y el problema de su gran ego, teclea. Lanata le hace coro: Carrió no puede decir que es “broma” pedir la cabeza del ministro Garavano.

   Eso crea un problema a la autoridad del presidente, agrega, tal cual lo escribió Laborda el viernes en La Nación: los “desplantes” de la campeona moral desgastan al presidente.

   Y ese mismo día, Ortelli en Clarín asegura que de la Rosada la retaron a Carrió, la pusieron en fila, la mandaron para atrás en sus cacareos y tanto así que el sábado a la noche, en Canal 13, bajaría todas las banderas. Pero el pronóstico, que parece escrito por Peña, no se cumplió, porque la diputada, propuesta a candidata presidencial en pintadas que se van multiplicando, solo estiró los plazos de su emplazamiento a Macri.

   Sin embargo, hasta ahora, en ninguno de los diarios oficialistas se la nombra como posible plan B para 2019. Hasta ahora.