Los malditos votantes

La ex presidenta Fernández de Kirchner crece en las encuestas, dice una nota de La Nación el domingo 7 de abril. La línea editorial de ese diario y de Clarín se cierra en una batalla electoral en la que solo estén “Ella” y Macri: en su relato esto equivale al choque entre el país fracasado y un “cambio estructural” difícil, sí, pero necesario. Reproches a jueces “en modo electoral” y regreso del fantasma de un oscuro pacto de impunidad.

   En el conjunto de notas políticas de estos días en ambos diarios son tan importantes los ejes que organizan el discurso para apuntalar al macrismo como la negación o censura de temas que podrían ser tranquilamente título principal, entre ellos el espionaje a jueces de la Corte y a la gobernadora Vidal. Por ejemplo, la gigantesca protesta del jueves no amerita mención ni análisis político, salvo algún párrafo aislado, para desacreditarla y menospreciarla.

   En las notas del domingo hay en suma un regreso a la protección al macrismo duro, después de señales no muy compactas y más bien erráticas, como cuando el miércoles González, en Clarín, habló de la reelección como “utopía”, lo que explica la repentina apertura oficialista hacia los amigos radicales, sobre todo para que no se vayan con el ex ministro Lavagna. “Algo pareció cambiar” en la conducción del macrismo respecto de la UCR, apuntala el domingo Fioriti en Clarín.

   En el mismo diario y el mismo día, Kirschbaum, el jefe de redacción, dice que no hay retroceso posible para Macri en su supuesta “elección” de Cristina como adversaria. Ambos pueden ganar, sostiene, y habla de un presidente decidido a “terminar con los desequilibrios estructurales endémicos”.

   Pero está el problemita de los votantes “inmunes”, lamenta Kirschbaum, a la “obscena corrupción” del kirchnerismo. La ex presidenta cuenta con “la fe ciega de sus votantes”, llamados asiduamente por varios columnistas del oficialismo como “feligresía”, como un conjunto de fanáticos encolumnados en una suerte de levitación religiosa.

   La misma línea lleva Morales Solá, que este domingo reapareció en La Nación: dice que si bien es “extraño” que el gobierno se proponga ganar las elecciones en “malas condiciones económicas”, no lo es menos que tenga posibilidades de triunfo Ella, “diez veces procesada” y “cinco veces condenada a prisión preventiva”. En esta frase hay un hito en la historia del periodismo argentino: una medida procesal, como prisión preventiva, vendida al público como condena.

   Y también es extraño, se queja el pensador, que dirigentes peronistas “intenten acercarse a ella”. El único ejemplo que da al respecto es Sergio Massa. Es que no hay caso: Morales Solá rara vez desperdicia oportunidad para atacar a Massa, tal vez por rencillas y celos dentro de la embajada.

   Ya que la única situación posible es Macri contra la ex presidenta, es hora de apelar a “Ensayos para la impunidad K”, tema de la nota de Van der Kooy en Clarín, quien embiste contra jueces que no quieren “meterse ahora a juzgar a Cristina”. Esta nota, ilustrada con una foto de Aníbal Fernández, parece replicada en el título del día del primo bobo del dispositivo comunicacional dominante, Perfil, cuyo título principal fue: “Miedo a CFK en Comodoro Py”.

   Van der Kooy enumera presuntas expectativas gubernamentales de mejora económica para luego atacar al Poder Judicial porque está “en modo electoral”, con jueces que no avanzan contra Ella al ritmo que desea Magnetto, con la honrosa excepción de uno, el único, el elegido: Claudio Bonadío y su “causa de los cuadernos”, como es llamada oficialmente la causa de las fotocopias.

  Y sí, dice, tal vez el buen Claudio cometió algún error que otro, y no hizo lo necesario para que al menos un tramo de la causa abriera este año un juicio oral, justo cuando estamos en campaña, qué pena. Pero si gana Macri, atención compatriotas, la causa seguirá. No si gana Ella o cualquier otro de “ese espacio”.

   Luego, otro lamento: el discurso del “pejotismo” enfatiza en la crisis económica y ya no en la “transparencia”, es decir que le reprocha que no obedezca al diseño de demonizar a los K, entre quienes, dice Van der Kooy, está Aníbal Fernández, que “opera con jueces”. En tanto, “otro ex ministro K” le ofreció a Stornelli salvarlo de la causa por sus maniobras con D’Alessio a cambio de que pise la causa de las fotocopias. De casualidad, esta versión no tiene fuente reconocible, como tampoco otra igualmente temible, incluida en la misma nota: una supuesta reunión de dos representantes del PJ y dos del kirchnerismo para el “pacto de impunidad” a favor de Cristina y sus hijos.

   En fin, ensayos discursivos que, fácil es pronosticarlo, serán el eje de campaña electoral del oficialismo: estamos mal pero todo lo que no sea Macri será peor.

   El domingo Morales Solá vuelve a demostrar que no le tiene miedo al ridículo, igual que Nicolás Wiñazki una semana antes en Clarín, cuando quiere pulverizar la investigación de la mafia formada por jueces y fiscales, espías y periodistas, para nombrarla como “operación judicial y de inteligencia armada”.

   Pero el jueves, Carlos Pagni equiparó en La Nación la causa del juez federal de Dolores con la de las fotocopias, porque en ambas -dijo- están activos los servicios de espionaje. Este columnista sí menciona los indicios de espionaje a los cortesanos Rosenkrantz y Rosatti, pedido “en el propio gobierno”. Recorre las declaraciones a Ramos Padilla del “ex” espía Barreiro para una danza de nombres en la que el travieso Pagni incluye a Carrió, Olivetto y Bonadío.

   En la “causa de los cuadernos”, continúa, hay arrepentidos que dicen lo que alguien quiere que digan, así como se prohíbe a otros nombrar a los Eskenazi, una acción que en el pasado fue atribuida claramente al juez por Pagni y otros escribas. Esta señalación es tan delicada que tres días después, en las mismas páginas, la confronta Morales Solá.

   En fin, concluye Pagni, el problema es la putrefacción de los servicios de inteligencia, que tiene como culpable principal -¡obviamente!- al kirchnerismo, pero ojo, dice, Macri también se equivocó, al nombrar a Arribas como jefe de inteligencia por ser su amiguito, y al nombrar como segunda a Magdalani por pedido de Nicolás Caputo, mientras el presidente de Boca, Angelici, maneja con su gente “las oficinas legal y financiera” de la agencia de espías. Este trío, dice Pagni, Arribas-Majdalani-Angelici, maneja 7.600 millones anuales de fondos reservados.

   Clarín casi nunca trata con seriedad la causa D’Alessio/Stornelli, a diferencia de Pagni y en general de La Nación, pero en estos días de desconcierto Roa, el segundo de la redacción, se animó al tema: el sábado escribió sobre “el juez cristinista” Ramos Padilla, pero también menciona a Arribas designado por ser “amigo” de Macri, y Magdalani por recomendación de Caputo y Michetti. La cuestión es que, dice, la agencia de inteligencia es un “lugar de operaciones políticas”.

   Una derivación de este tema citada por Roa son las acciones maliciosas de Patricia Bullrich contra Vidal: mandó a la Federal contra la Bonaerense en Avellaneda por presunta complicidad con el narcotráfico sin avisarle ni a ella ni a Ritondo, con una buena dosis de balazos. Roa va contra uno de los ejes con los que Vidal pretende aparecer como virtuosa, cuando afirma que la Bonaerense está igual que siempre, en su “versión maldita”.