Manual de estilo Clarín para mujeres: no muy “copado”

 

Tristes caracteres salieron de una pluma femenina y fueron publicados por Clarín el 25 de octubre acerca de las mujeres “copadas”. En la sección de opinión del “gran diario argentino” y bajo la volanta “Pasiones argentinas”, Magda Tagtachian puso en evidencia un perfil descriptivo de lo que para ella sería una mujer aceptable. 

 

 

Por María del Carmen Gallo

Se puede objetar que se trata de una nota de opinión, la opinión de una periodista, y fue publicada como tal en uno de los diarios con mayor tirada del país; perfecto. Ahora, por qué justo en la semana donde una muchacha denunció por acoso a un periodista misógino, autoritario y abusador. 

Así como a Silvia Martínez Cassina Clarín le dedicó esta frase en la sección Telones y Pantallas: “Ojo con la lucha, Silvia, mirá que la Juana de la que hablan terminó quemada en la hoguera”, luego de haber apoyado la lucha sindical en el multimedios, pareciera que la corporación intentara adoctrinar otra vez a otras mujeres entre su personal.

El miércoles la periodista especializada en género Mariana Carbajal, durante su columna en el programa “La inmensa minoría”, que conduce Reynaldo Sietecase por FM Radio con Vos, reprodujo cinco testimonios de comunicadoras que sufrieron distintas situaciones de abuso en los medios. Todas callaron en su momento por temor a perder el trabajo.

Cada frase del texto cuestionado puede criticarse, pero llama especialmente la atención que una copada acepta, tolera, llora en silencio, no pide ayuda, arregla problemas, no “delata”, guarda secretos, olvida. En definitiva, describe aspectos comunes a una víctima de violencia de género. 

Lo de Ari Paluch significó la remoción del comunicador en A24. Eso implica pérdida de audiencia, implementación de un plan B, recursos, dinero. Incluso el propio Daniel Vila declaró que hubiera preferido que todo quedara puertas adentro de la empresa. Quitaron a un peso pesado por culpa de una sonidista, de una desconocida, de una que no fue copada. 

El perfil de copada publicado lleva a pensar en mujeres jóvenes, espléndidas, común en trabajadoras de medios de comunicación. No es casual que le hayan hecho firmar esa nota a una mujer periodista. Diferentes y mucho más abrumadoras hubieran sido las repercusiones si el firmante era hombre. 

Esta vez la misoginia clarinista se mostró en una nota de opinión, pero basta recordar calificaciones como “desesperada” a una actriz que pretendía el número de celular de un cantante. Y también la mención de una muchacha que va a bailar con minifalda, que sale todos los fines de semana, como elementos que explicaron ataques brutales a mujeres, que llegaron al femicidio.

Por algo en ese medio se dejan de mencionar el colectivo Ni una menos, los multitudinarios encuentros de mujeres que se realizan cada año en el país y la histórica disparidad salarial en cada ámbito laboral, que hace más inverosímil que “copada” pague siempre que otros no puedan hacerlo.

Las copadas no trascienden, no cuestionan, no piensan, no toman cerveza, no desafían los cánones establecidos, los acatan. Para fortuna del género femenino existen, y cada vez son más, las que no son copadas y que no se ciñen a lo presuntamente establecido: se destacan y son pioneras para el crecimiento de otras.