Militancia mediática del ajuste. Menos es peor.

 
Así milita el ajuste al prensa argentina: con sugerencias indignas e insalubres para cualquier persona, como si en las casas en las que no alcanza para comer hubiera que recurrir a la inventiva y poner en riesgo la vida a fin de suplir la ausencia de alimentos en la mesa familiar.
 

Por María del Carmen Gallo

 

Está probado que los medios proporcionan el marco de percepción de la realidad de las personas pero hay que medir hasta qué punto las personas están dispuestas a tomar como referencia los contenidos de los medios para medir su propia realidad.

 
Dado el blindaje mediático evidente que protege la gestión del actual gobierno argentino, resulta llamativa y hasta insólita la publicación compulsiva de artículos periodísticos que sugieren, en forma de novedades chic, modos de supervivencia propias de un estado de emergencia extrema. 
 
A las afirmaciones que trascendieron por parte de varios funcionarios en ejercicio, tales como “les hicieron creer que un empleado medio podía comprarse un plasma o viajar al exterior”; “un aumento de $200 en la factura de la luz equivale a dos pizzas” o las críticas presidenciales hacia quienes andan “en remera o en patas en invierno” malgastando la energía, se sumaron artículos de prensa que propiciaron innovaciones en estilos de vida casi como respaldo a estas miradas oficiales.
 
Ingerir tierra, pasarse la fecha de vencimiento de las latas de conserva, cosechar frutas de los árboles de la calle, alquilar juguetes, compartir niñera, habitar un monoambiente, trabajar en vacaciones, poner en duda la ingesta de nutrientes básicos y cambiar radicalmente los hábitos cotidianos son algunos de los escandalosos ejemplos de inducción a la pobreza que se pueden encontrar en los diarios de mayor tirada local. 
 
Bajo las consignas “menos es más” y “adelgazar/rejuvenecer” se busca disfrazar de innovador un estilo de vida que va en detrimento de la idea de ascenso social, es decir, todas las sugerencias para estar a la moda casualmente empobrecen la calidad de subsistencia de cualquier mortal. Elegir un alimento sin la supervisión de los organismos de control y sanidad atenta contra el bienestar del individuo que lo consume y contra la salubridad de una sociedad ya que en el peor de los casos esta conducta podría derivar en una epidemia.
 
La función de un medio de comunicación es brindar información útil para que los individuos puedan tomar decisiones que incidan en sus vidas a partir de los datos adquiridos, se infiere que son actores fundamentales que proporcionan elementos para el bienestar y crecimiento de una comunidad. Es decir, por eso el acceso a la información es un derecho humano inalienable. 
 
Festejar un cumpleaños infantil sin snacks ni gaseosas ni golosinas es atendible si se invoca lo saludable, pero realizarlo en una plaza pública con la inseguridad que ello implica es demencial. Aún así es presentado por uno de los grandes diarios locales como una alternativa divertida a bajo costo. Ni hablar si la medicina casera para combatir los dolores crónicos fuera el propio orín, aunque sí, otro importante la ofrece.
 
Pareciera que la contaminación, el calentamiento global, los agrotóxicos, los delincuentes, los tratantes de personas, las bacterias, el ANMAT, la Secretaría de Salud entre otros, no existieran. Pareciera que estamos hablando de publicaciones ambientadas en un contexto prehistórico. Pareciera que los lectores de estos medios necesitaran instalarse en un ambiente ingenuo. 
 
Hay que notar un aspecto que se destaca en este tipo de artículos que es el menoscabo a la complejidad de las sociedades actuales, la modernidad agobia, engorda y envejece,  entonces pretender un pasar confortable con sus correspondientes recaudos es propio de gente poco comprometida con la naturaleza, el planeta y sus derivados. 
 
¡Oh casualidad! El costo de vida aumenta, la inflación trepa a niveles históricos, los salarios se estancaron, el desempleo es de dos dígitos, los servicios básicos están por las nubes, la inversión en salud se redujo y las autoridades no brindan políticas de prevención de enfermedades como en otras épocas. Por lo tanto es ideal crear un refugio con el menor de los mantenimientos posibles, y tener la precaución de acostumbrarse uno a existir con poco.
 
El mundo evoluciona y la comunicación dominante gira en torno a maneras minimalistas de supervivencia cuando entre la prehistoria y la modernidad corrió un mar de complejidades a las que es necesario adaptarse para crecer y mantenerse. Es menester un aporte de propuestas concretas que enfrenten los cambios y brinden soluciones efectivas sin poner en riesgo la integridad de la población. 
 
No se pueden ignorar las desastrosas consecuencias que acarrean los movimientos anti vacunas en materia de salubridad ni los resultados adversos que sufre el sistema inmunológico ante la falta de vitaminas y minerales vitales para el funcionamiento normal de las defensas. 
 
Que la aguja hipodérmica no sea quien seleccione los usos y costumbres de la población al tergiversar realidades, que los individuos maduren el contenido de los medios a partir de las posibilidades sin dejar de lado los derechos ganados y las obligaciones adquiridas por quienes desde el Estado deben velar y brindar las condiciones básicas para vivir en comunidad, en definitiva, que todos exijamos calidad en todos los aspectos que hacen a nuestros modos de vida.