Nace (o resucita) una estrella

Una cumbre “increíblemente perfecta”, esperanza de “un antes y un después” para el presidente, la cumbre fue “mejor de lo esperado”, “el mundo volvió a la Argentina”, “el mundo lo aclama” a Macri. El ejército mediático del oficialismo quiere mostrarse exultante, sobreactúa los resultados del G-20 e implora para que Macri pueda revertir su derrumbe en las encuestas. Awada, carne aristocrática pero solo decorativa.

   Las frases en Clarín, La Nacion, Infobae, Perfil, martillan como consignas de campaña para 2019. Son muchísimas pero casi todas se parecen: Argentina “quedó en el centro de la política internacional”, la cumbre cerró con un “acuerdo” y Macri lo celebra como un “triunfo”, “Macri logró consenso”, “sacó adelante la cumbre”, “regodeo argentino por la cima mundial”, Macri “equilibrista en un mundo convulsionado”, se movió “como pez en el agua”.

   En algunos artículos se llega a sugerir que el desempeño de Macri fue decisivo para la tregua comercial entre Estados Unidos y China, una afirmación que es un formidable insulto a la inteligencia: una economía periférica, ínfima ante dos gigantes y además en crisis profunda (más mencionada por diarios internacionales que por los nacionales, por cierto), no es convocada para semejante conflicto, de tal complejidad que es imposible que el presidente argentino la pueda conocer y comprender cabalmente. Ni él ni ningún otro presidente de un país que no influye en ninguna decisión global sería llamado para esos fines.

    Pero la euforia del periodismo macrista no encuentra límites. Los análisis de pretensiones “geopolíticas” no le hacen asco al ridículo: se compara la realización de la cumbre del G20 con el desastre del partido entre River y Boca, que sigue siendo presentado como consecuencia de una especie de mal argentino, del país barrabrava, adolescente, inculto. Intentan censurar los hechos objetivos: el envío del micro de Boca a una emboscada se debió a las decisiones de Patricia Bullrich y del ministro de la ciudad echado, Ocampo, de jefes de seguridad del macrismo, de fiscales del macrismo y de Angelici, estrecho allegado al presidente, para quien hace trabajo sucio. Y D’Onofrio, el presidente de River, es un macrista confeso.

   La celebración de todo lo dicho y actuado por Macri en el G-20 incluye mencionar apenas al paso el momento diplomático más crítico, el sábado, cuando con manifiesta prepotencia y burlándose de la Argentina, Estados Unidos comunicó oficialmente que Macri y Trump habían coincidido en describir la actividad “depredadora” de China. Macri pudo balbucear horas después, temblando, una toma de distancia con semejante insulto, explicable en los modos antidemocráticos de Trump y sus colaboradores pero también en una increíble impericia de la diplomacia argentina.

   El despliegue en los medios oficialistas para el G20 dejó en lugares secundarios todos los demás temas, aunque Clarin, La Nación e Infobae no se privaron de celebrar el cierre de la causa por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado y, en definitiva, la consagración de la impunidad. Despliegan tonos burlones para los reclamos de la familia y pretenden que Santiago se echó al río a nadar por puro placer, ya que no mencionan que Gendarmería había lanzado un operativo ilegal contra la comunidad mapuche de Cushamen.

   Gran dedicación pusieron también estos medios en el despliegue de rancio sexismo respecto de las “mujeres del G20”. Awada le sienta de maravillas a Clarín, La Nacion, Infobae: sus exhibiciones aristocráticas, sus vestimentas -sobre cuyo costo jamás nos dirán nada, obviamente- y, en suma, su presencia meramente decorativa, es muy festejada. Las mujeres del G-20, las primeras damas, incluida Awada, parece que tienen como única finalidad mostrarse “a la moda” y hacer “duelos de estilo” en los que, claro, Awada siempre gana. A esta mirada decadente y cosificada de la mujer le viene de maravilla que ella nunca diga una palabra y que se limite a saludar y sonreir: la mujer sin cerebro, la mujer ideal para estos escribas.

02/12/2018