Oficialismo enceguecido: La Nación se sirve de los muertos

El dispositivo que concentra el poder en la Argentina se sirvió esta vez de los muertos, a través del diario La Nación: en su variado e incansable ataque a los maestros que reclaman salarios dignos, repitió una carta que hace dos décadas la escritora María Elena Walsh publicó para pronunciarse contra la continuidad de la entonces Carpa Blanca.

   Por Hugo Muleiro

   En la edición del 12 de abril de 2017 el diario reprodujo aquel texto, antecedido por este párrafo: “Esta carta que hoy reproducimos fue escrita por María Elena Walsh y publicada por LA NACIÓN el domingo 21 de diciembre de 1997, a poco más de ocho meses de la instalación de la carpa blanca de los docentes contra el gobierno de Carlos Menem”.

   Los editores tuvieron la cautela (o la cobardía, según se mire) de no declarar propósitos: vincular esta recordación a la instalación que los docentes levantaron en estos días frente al Congreso, ahora no una carpa sino una “escuela itinerante”, para reclamar que el Gobierno nacional cumpla con la ley que lo obliga a llamar a paritaria nacional, como lo hizo en 2016.

   Aquél texto de la formidable escritora y cantante causó conmoción en su momento: muchos de quienes la admiramos y queremos, de los que escuchamos sus canciones y las compartimos con hijos, sobrinos, nietos, para cantarlas con ellos y abrazarnos en ellas, simplemente lloramos, por el dolor ante una toma de posición que no compartimos y frente a la que nos sentimos heridos, aunque no fuésemos maestros.

   ¿Podemos discutir hoy con María Elena por aquellas líneas?

   Es imprescindible recordar algo tan obvio como doloroso: María Elena Walsh murió el 10 de enero de 2011. Por el respeto que se merece, como toda persona, y por no haber asumido posiciones, actividades y cargos institucionales que hagan natural someterla al escrutinio público hasta el fin de los tiempos, es indispensable el decoro de no discutir con ella, por el hecho también muy obvio de que no puede defenderse.

   Es que María Elena no puede decirle a los editores de La Nación: señores, pasaron veinte años, si ustedes publican esta carta ahora, cuando se desarrolla una protesta parecida a aquella, me exponen a que los lectores hagan la traslación y la apliquen al presente.

   Ausente ella, como admiradores de su obra decimos entonces: señores de La Nación, María Elena Walsh está muerta, no la usen para su enceguecido oficialismo.

   Otra vez una obviedad, disculpe el lector, y es que no sabemos si ella lo hubiera querido, no puede explicar, marcar matices, diferencias, y ni siquiera enunciar las mayores aproximaciones que pudieran parecerle atendibles.

   No sabemos si María Elena habría querido ser puesta del lado de los que hostigan a los maestros tomando en cuenta, por caso, que de ese lado está el fantasmal ministro de Educación, Esteban Bullrich, quien acaba de lucirse internacionalmente con un acto atroz de negacionismo del Holocausto, en agravio a la figura de Ana Frank y con ello a todas las víctimas del nazismo, incluyendo a las no judías. Ni siquiera la esperpéntica ministra de Educación de Menem, Susana Decibe, cabecilla del ataque a la escuela pública y de la desarticulación del sistema educativo nacional, de la que aún no nos recuperamos del todo, se atrevió a tanto.

   Señores de La Nación: respeten. Eso no se hace.