Periodismo bajo presión

El periodista Marcelo Pascuccio describe las condiciones en que transcurre, en este 2017, el Día del Periodista. La concentración creciente, dice, condiciona las oportunidades laborales a la vez que cercena el derecho a la información.

 
   Por Marcelo Pascuccio
 
   No hay peor presión que la que ejerce la amenaza permanente del despido. En la gran mayoría de los compañeros y compañeras la presión es tal que literalmente inclinan sus cuerpos frente al micrófono o al papel. Les provoca autocensura, depresión, enfermedades relacionadas al estrés, trabajo precario y poco riguroso. Ya no es el “fantasma del despido”. Es real, concreto, permanente y dejó sin sustento a cerca de 3.000 familias.
 
   El problema es doblemente grave si tenemos en cuenta la consolidación del grupo dominante de medios desde que comenzó el gobierno de Macri. El grupo Clarín no tiene límites, se extendió al negocio de la telefonía y recuperó el futbol. En definitiva, si te echaron de alguna de las más de 200 licencias del grupo pocas puertas te quedan por tocar.
 
   Aún más grave, está lesionado el Derecho a la Información. En tanto y en cuanto la producción y circulación de información esté más concentrada, menos versiones de un mismo hecho tendrán. Hoy los trabajadores de medios que todavía no fueron echados, los precarizados y amenazados, no pueden ni están en condiciones de ser garantes del Acceso a la Información. A pesar de ser un derecho incluido en los tratados internacionales, el único que tiene Derecho a la Información en la Argentina es Clarín.
 
   Son muy pocos los medios en el país en donde todavía se puede ejercer el periodismo libre. O sea periodismo. Y para colmo el grupo dominante no se jacta por ser riguroso ni tener apego a la verdad. Sólo se encarga de construir un relato de cotillón sobre la desgracia de las mayorías. Disimula la fiesta de las corporaciones y la especulación y sataniza al motochorro y al gobierno que dejó de gobernar hace casi dos años. 
 
   En este marco, tenemos el deber ineludible de contar los que nos pasa, para que luego los historiadores vengan a buscar nuestras crónicas, para explicarse cómo sucedió todo. Como escribas de la primera versión de la historia debemos contar que en meses se cambió el Estado de Bienestar por el Vienen por el Estado. Que se quitaron derechos sociales para mejorar la rentabilidad empresarial y financiera. Y que el país se sume en un endeudamiento externo y en dólares del que no se saldrá sin sufrimiento. La crisis la pagarán los pobres con hambre, la clase media con sus ahorros y los ricos con fuga de divisas. 
 
   Como verán, no hay mucho que festejar el día del periodista. La situación es grave y no la podemos siquiera mostrar en su plenitud. Queda el reaseguro de los medios cooperativos, comunitarios y las posibilidades que las nuevas redes sociales ofrecen. Y en eso menesteres andamos, para que vuelva a ser el periodismo el mejor oficio del mundo y no el más inestable e insalubre.