Presupuesto: los tanques del FMI

Los medios hegemónicos, y los primos y sobrinos que se asumen como furgón de cola de sus líneas editoriales, cerraron filas el miércoles 24 y jueves 25 de octubre para imponer un discurso único: “Los K” y “la izquierda” como planificadores de violencia durante la sesión para aprobar el presupuesto del FMI. Censura a todas las denuncias y evidencias de la provocación de las fuerzas represivas.

(Foto: M.A.f.I.A.)

   Como siempre, el sargenteo del batallón estuvo en manos de Clarín y La Nación. El primero con su “Hubo 26 detenidos por la violencia de la izquierda y los K”. El segundo con “El caos como método”, con firma de Carlos Pagni. El batallón de serviles a la estrategia oficialista fue integrado por Infobae, con “El kirchnerismo y la izquierda acudieron a la violencia en la calle”, y por Perfil, con “Violentos, peronistas y opositores”.

   Como se ve, la orden política fue una sola, fue contundente y fue cumplida a rajatabla.

   En los textos, en formato de “análisis”, “opinión” o aparente crónica, esta línea editorial no tuvo fisuras. Helfgot, en Clarín, pretende una nota informativa en la que también asume la línea patronal de señalar a los mismos culpables, y lo hace con esmero, porque suma al diputado Felipe Solá, objeto de espacios crecientes de cuestionamiento en Clarín y La Nación porque se separó del Frente Renovador y dialoga con el kirchnerismo.

   También pone foco en extranjeros detenidos, para incluir alegremente la versión de que dos venezolanos son agentes de inteligencia al servicio del presidente Nicolás Maduro.

   El dispositivo del régimen para esta tarea propagandística es reforzado con espacios preponderantes regalados al senador Pichetto, quien como pejomacrista número uno del país pide a los gritos la expulsión de los extranjeros, haciéndole el trabajo sucio a la ministra Patricia Bullrrich.

   En ninguno de estos medios hay un mínimo espacio para informaciones y fuentes diferentes a las del oficialismo: no entran las denuncias sobre los infiltrados de las fuerzas de seguridad que comenzaron a lanzar piedras para que la policía se sintiera invitada a repartir palazos, gases y balas de goma.

   También es censurado el hecho de que la persecución siguió a casi veinte cuadras del Congreso. Nadie reflexiona sobre periodistas de medios alternativos y populares, como los de La Garganta Poderosa, seleccionados para satisfacer el afán represivo de Bullrich quien, eso sí confiesa Clarín en una nota firmada por Fernando González, estuvo todo el tiempo en contacto con Macri, quien queda así en la ubicación -obvia pero jamás expuesta en estos medios- de primer responsable político por cada acto de violencia contra los ciudadanos.

   Ninguno de estos “periodistas independientes” se pone a pensar por qué cayeron en la cacería represiva representantes de la agencia Télam, cuyos trabajadores resisten los despidos masivos dispuestos por Hernán Lombardi y su tropa de choque, y del Astillero Río Santiago, objeto de un plan de destrucción que lleva adelante la gobernadora María Eugenia Vidal.

   Mucho menos se detuvieron ni investigaron la versión que, el miércoles a la mañana, ya circulaba en varias fuentes, entre ellas del Ministerio de Justicia, según la cual la ministra Bullrich había ordenado que a las 3 de la tarde la zona del Congreso fuera liberada de columnas.

   Morales Solá, en el canal de La Nación, desarrolló la misma línea, luego replicada en el diario: “La izquierda y el kirchnerismo” planearon todo, porque tomaron como “norma”, dice, causar disturbios en la calle para obstaculizar al Congreso. En su caso, también cumple la orden del despliegue de artillería contra el diputado Felipe Solá, apuntando a su trayectoria política, como ya había hecho el miércoles Kirschbaum, jefe de redacción de Clarín.