¿Quién asesinó a Marielle?

Brasil está en manos de una alianza de políticos, empresarios, jueces y medios de comunicación que tiene larga tradición en acciones criminales, como la que terminó con la vida de la dirigente política y social Marielle Franco. Las calles del país que con Lula da Silva sacó de la pobreza a 40 millones de personas son otra vez territorio de los escuadrones de la muerte.

   Estos grupos de exterminio, advierte Liszt Vieira en un artículo en Carta Mayor (Carta Maior), recuperan libertad de movimiento mientras el Ejército, por órdenes de Michel Temer, el hombre que ocupa la presidencia desde el derrocamiento de Dilma Rousseff en agosto de 2016, asalta las favelas y hostiliza a sus habitantes por el solo hecho de ser pobres.

   Los militares, prosigue, se ocupan de registrar a los moradores de las favelas, donde está verificado que la porción de quienes están acusados o sospechados de actos delictivos llega al 0,5 por ciento del total. Son, en el caso de la Rocinha, de Río de Janeiro, 400 personas entre 80 mil.

   Esta campaña de agresión a los pobres del país, que en su mayoría son sostenedores del ex presidente Luiz Lula da Silva, a quien el régimen pretende impedir que compita en las elecciones de este año, es presentada por la prensa nacional e internacional como una acción contra el delito y a favor de la seguridad.

   Sin embargo, Vieira dice que “el retroceso social, político, económico y moral del gobierno de Temer, con apoyo de los medios, de la mayoría del Legislativo y de la Justicia, abrió camino para el retorno de los escuadrones de la muerte”.

   Recuerda palabras del historiador Boris Fausto, ligado al Partido de la Social Democracia Brasileña, adversario de Lula, quien advirtió que con el derrocamiento de Rousseff se abría “la Caja de Pandora” en Brasil.

   El asesinato de Marielle Franco es expresión de una violencia política, económica, clasista y étnica que no había desaparecido en los gobiernos de Lula y Dilma, pero que ahora recrudece con un poder que la estimula y la alienta, como ocurre en la Argentina con las fuerzas policiales, felicitadas por las autoridades nacionales cuando asesinan por la espalda a asaltantes y a otras personas consideradas, a discreción, “sospechosas”.

   Vieira dice en Carta Maior, un portal informativo y de opinión identificado con la izquierda, que “los campesinos e indígenas que luchan por sus tierras contra la invasión del agronegocio, las mineras, las madereras, están siendo asesinados desde hace varios años”.

   En Río de Janeiro, la policía corrupta apoya el narcotráfico y a ex agentes que forman bandas de exterminio y dominan barrios completos de la ciudad, y son “los mayores responsables de la violencia”. En muchos barrios, agrega, los habitantes pagan impuestos al Estado y a las milicias para poder seguir con vida.

   Las armas y las drogas que ingresan a Río de Janeiro lo hacen por el pago de sobornos a las fuerzas estatales. “Nunca vi a un proveedor de armas y drogas ir preso. En la última intervención militar, el Ejército incautó 80 fusiles, lo que es ridículo: existen miles de fusiles en manos de los traficantes y sus agentes”.
   Mientras los traficantes de armas y drogas gozan de libertad de movimentos, van presos los jóvenes pobres y unos pocos fusiles son incautados, y “los medios aplauden”.

   La nota completa está disponible en este enlace:

https://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Antifascismo/Os-idos-de-marco-A-barbarie-chega-ao-Rio/47/39607