Si no es Mauricio, es malo

El supuesto aumento de las dudas sobre la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner pone a columnistas que sostienen al gobierno a alistar la metralla contra el eventual “tercero” en discordia, que creen es Roberto Lavagna. Toma la bandera Kirschbaum, de Clarín. Pudor editorial por el ataque macrista al juez Ramos Padilla, que lleva la causa D’Alessio-Stornelli: solo Morales Solá aplaude.

   La economía es un desastre. Cambiemos es un desastre, como lo demuestra la ruptura en Córdoba. Lo único que tiene el macrismo es hablar mal de la ex presidenta. El equipo económico no puede asegurar que el nuevo blindaje del FMI a Macri alcance para llegar a las elecciones. La inflación de marzo será también altísima, todas afirmaciones deslizadas en varios espacios en estos días.

   Y“El tiempo se agota”, dice el domingo 17 de marzo Dapelo en La Nación: en las encuestas caen Macri, Vidal, Rodríguez Larreta.

   Esto no le quita espacio a la habitual, contundente, infaltable y repetida andanada contra Fernández de Kirchner: esta vez acusada de manipular la enfermedad de su hija Florencia, la “más desprotegida” de la familia porque no tiene fueros.

   Después de varias expresiones de odio, y de sugerir que la ex presidenta le consiguió a su hija “fueros cubanos” (Pagni, viernes, en La Nación) los tanques reorientaron los cañoñes para enfocarlos exclusivamente en “Ella”. Nadie tiene derecho a dudar de la enfermedad, concede generosamente Van der Kooy en Clarín. Pero es la ex presidenta quien “manipula” la situación. Y, hace coro Morales Solá, fueron “Ella” y Néstor quienes pusieron a la hija en “negocios oscuros”. En otras palabras, son los padres quienes enfermaron a la hija.

   Una frase de Eduardo Valdés es usada en algunos espacios para decir que las dudas sobre la candidatura de la ex presidenta crecieron. ¿Qué hacer? Por las dudas, el jefe de redacción de Clarín, Kirschbaum, se lanza el domingo contra Lavagna.

   La fórmula propagandística “la gente dice que” es reconverida en “Macri cree que”. Y Macri cree que Lavagna es apoyado por empresarios “vinculados con la trama de los cuadernos”. Es decir, lisa y llanamente Kirschbaum desliza un preanuncio de carpetazo contra los empresarios que, escribió Bonelli el viernes en el mismo diario, están desencantados y hasta enojados con Macri (a quien financiaron la campaña electoral, como ya dijo tantas veces Pagni) y ahora ven con simpatía al ex ministro de Economía.

   Como aplicando una “fórmula Daniel Santoro” en un seminario sobre periodismo independiente armado por FOPEA, Kirschbaum escribe dos veces: los empresarios que apoyan a Lavagna son “los de los cuadernos”.

   Van der Kooy, que el domingo pasado vio borrada su nota durante doce horas en la versión digital de Clarín, hasta que reapareció por la noche, se concentra en Fernández de Kirchner y Florencia, para una conclusión indirecta: el kirchnerismo está mal, desconcertado. Y luego: Cambiemos es un desastre; y Lavagna quiere ser candidato (Kirschbaum lo da por confirmado) pero sin ir a internas, a las PASO, la condición que le quieren imponer Massa y Urtubey. En fin, dice, los tres actores están en muy mala situación.

   Morales Solá pone todo su esfuerzo en defender a Stornelli, el fiscal involucrado como extorsionador en la denuncia contra D’Alessio, ex columnista de Clarín y estrella de TV. Dice que la denuncia tal vez sea solo una “maniobra distractiva” del kirchnerismo, para afectar la causa de las fotocopias, pero la situación de Stornelli “recuerda” a la de Nisman, quien fue “asesinado”. Y así llega a deslizarse en la hipótesis de peligro para la integridad física del fiscal acusado y del juez Bonadío. Es decir, el prestigioso analista y periodista sigue las huellas de Laura Alonso: los K atacan a Stornelli porque no le pudieron dar (hasta ahora) un balazo.

   Y claro, el siguiente blanco de la nota es el juez Ramos Padilla, el que atiende la causa D’Alessio-Stornelli. Critica todo lo que dice y hace, su presencia en Diputados, etc., para señalar que recién el viernes el gobierno pidió el juicio político. Y remata: “Era hora”. Este es un buen contraste con Clarín: ningún columnista se atrevió, al menor por ahora, a aplaudir al ministro Garavano y su anuncio de juicio político contra el magistrado de Dolores.

   El que se sigue tomando en serio la afirmación de Ramos Padilla sobre la mafia que enlaza a jueces y fiscales federales con espías y ex espías es Pagni, que algo sabe de este temita. Él se detiene en una novedad que, como noticia y tema para analizar, fue soslayada y casi censurada por ambos diarios: la comisión de Inteligencia del Senado, a cargo del radical Marino, llama a Ramos Padilla para que informe sobre esta causa, lo cual le da más volumen institucional al asunto, porque ya no se trata de un fanático ultra K, como es presentado el diputado Moreau, quien convoca.

   Pagni escribió un día antes que la “aparición” de D’Alessio demuestra que “bajo la responsabilidad del broker del mejor amigo de Macri, Gustavo Arribas, y de la controvertida Silvia Majdalani, los servicios de inteligencia siguen contaminando la vida institucional con las repudiables prácticas de las que se servía el kirchnerismo”. Es decir: Pagni está afirmando que lo que haya hecho D’Alessio y lo que hacen personas como él es responsabilidad -por lo menos política- de Arribas y Majdalani.

   Y hablando de espías y contraespías: cosa rara la noticia de la pareja de supuestos iraníes que entraron a la Argentina con supuestos pasaportes israelíes supuestamente falsos. Clarín detalla que el oficial de Migraciones que intervino en Ezeiza verificó en una lista israelí que esos pasaportes estaban definidos como falsos. Pero la pareja entró lo más campante al país y, recién después, se armó un gigantesco operativo para detenerlos. Cosa muy rara. Ahora falta que escriba Daniel Santoro y cantamos bingo.