¿Son opositores? ¡A la hoguera!

Hoguera

El diario La Nación vuelve a visitar y a exponer sin pudor la fórmula para hacer frente a los sectores políticos y sociales que se oponen al proyecto de país que reivindica desde su mismísima fundación: el fuego.  La figura de la hoguera política, que augura frecuentemente para el peronismo, es aplicada en una nota del 26 de enero al kirchnerismo.

   Por Hugo Muleiro*

   Produce escozor constatar que postulaciones con este contenido tienen cierta frecuencia en el diario, y más todavía lo causa que la práctica se reitere con impunidad, volviendo insuficiente la afirmación según la cual La Nación, embarcada en un respaldo sólido al gobierno de Mauricio Macri, propicie una restauración conservadora. En verdad asoman en estas páginas añoranzas por las prácticas bárbaras que vienen del amanecer de los tiempos.

   En la ocasión porta la antorcha Marcos Novaro, licenciado en Sociología y doctor en Filosofía, en una nota titulada “Milagro Sala y el alma antiliberal del kirchnerismo”.

   Él parte de sentenciar que hay avances en la obtención de “pruebas” sobre las prácticas supuestamente ilegales de la dirigente social jujeña, a quien el mismo diario ataca con formidable empecinamiento, llegándole a adjudicar cierta vez el manejo de un “ejército”, imputación que carece de bases pero sirve para que los lectores esclavizados expandan el eslogan en oficinas, clubes, bares y peluquerías.

   El caso de la prisionera política es en verdad usado por Novaro para lanzar otra estocada al kirchnerismo, al que le adjudica “alma antiliberal”, y que le causa sorpresa por no tomar distancia de Milagro Sala, en lo cual “no actúa como el viejo peronismo, dispuesto a acompañar a los caídos en desgracia sólo hasta la puerta del cementerio”.

   Y a continuación viene la apelación a la hoguera política, mencionada –eso sí- para que los argentinos consigamos “convivencia” civilizada. Escribe en efecto que el kirchnerismo, manteniendo el acompañamiento a Milagro Sala, “tal vez nos ofrezca con ello una gran ventaja a los que creemos en la conveniencia de reflotar la convivencia, la moderación y el liberalismo político. Porque los enemigos de todos estos valores, enceguecidos por la dinámica de radicalización, puede que se incineren en ella”.

   ¿Es una metáfora? Ojalá que sí, pero dime qué metáfora eliges y te diré quién eres… Y por si pudiéramos tener la esperanza de un desliz, un descuido en esta ensoñación propia de la Inquisición, que la Iglesia Católica organizó como castigo oficial hace algún tiempito, en 1184, el articulista se reafirma a continuación:

   “Pero antes de festejar conviene entender esta conducta…” En fin, que pide el sociólogo que no hagamos la fiesta hasta que constatemos cómo los kirchneristas son consumidos por el fuego.

   Después de soltar estas imágenes y deseos nada de lo que sigue en la nota puede parecer desmesurado, ni siquiera un cuestionamiento personalizado a Horacio Verbitsky, en cuyos enunciados jurídicos Novaro encuentra la posibilidad de “una lectura en clave mafiosa”.

   La sangre chorrea con gran frecuencia entre las teclas que oprimen los escribas de La Nación. Fuego, decapitaciones, son figuras que aplican especialmente para el peronismo. El 10 de abril de 2016 el columnista Joaquín Morales Solá auspició para la llamada “corrupción K” los efectos de la operación “Mani pulite”, que “decapitó la política en Italia”.

   Dos semanas después volvió a inscribirse en la senda civilizada, humanista de Novaro, cuando escribió: “El peronismo deberá arder en el fuego para purificarse”.

   No lo tomen a mal. Son unas metáforas frente a las que por cierto definiciones como las de Jorge Fernández Díaz, del mismo diario, parecen propias de un tímido, cuando catalogó a un acto de respaldo a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner como “fiesta en un neuropsiquiátrico” (17.4.2016). Olvidó pedir que lo quemaran.

   Novaro es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía, títulos que le otorgó la Universidad de Buenos Aires. Es director del programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani y profesor de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública”.

   No puede uno menos que preguntarse cómo invitará a sus alumnos a examinar las prácticas que la Iglesia Católica oficializó en su época. O cómo enfocará hechos de hace un siglo, los del 15 de mayo de 1916 en Waco, Texas, cuando el granjero negro Jesse Washington fue llevado por una muchedumbre a la hoguera, acusado del asesinato de una mujer blanca. Habría que ver si el profesor llega además a hechos del presente como los que enfoca en su nota: las prácticas del Estado Islámico de dar fuego a los adversarios, por ejemplo. O las del revitalizado Ku Klux Klan.

   Da para pensar que lo hace con una caja de fósforos que acaricia con persistencia en el bolsillo de su chaqueta.

   También es legítimo preguntarse qué clase de genios gradúa (¡con mis impuestos!) la Universidad de Buenos Aires, y a qué exámenes y pruebas son sometidos los distinguidos profesores que reciben altas responsabilidades en las aulas.

*Escritor y periodista, presidente de COMUNA