Télam: ni ñoquis, ni grasa. Son trabajadores, con familia, sueños, saberes y trayectoria

La destrucción de la agencia estatal Télam que ejecuta el régimen macrista comprende la denigración de los 357 trabajadores despedidos. Descalificaciones y falsedades para ocultar que detrás de ellos hay familias, hijos, proyectos, una vida de esforzadas jornadas laborales y compromiso para capacitarse y estudiar.

  

(Foto: Carlog Brigo)

  El jefe de este operativo contra los medios públicos, Hernán Lombardi, quien también está llevando al desastre a la Televisión Pública y a Radio Nacional Argentina, propala junto a sus acólitos y acólitas de Télam una estrategia que procura conseguir respaldo social a sus atropellos.

   Apela para ello a la ignorancia y a las creencias diseminadas durante décadas de un discurso organizado contra todo lo que sea público, presentando al Estado como responsable de un fracaso nacional que, se supone, superarán las corporaciones nacionales e internacionales que, por estos mismos días, se llevan la riqueza argentina al exterior, por miles de millones de dólares cada mes, gracias a las políticas cambiarias y financieras del macrismo.

   Pero las y los trabajadores despedidos son personas con historia, muchas de largo aliento, que comenzaron en algunos casos friendo en McDonalds y en otros con estudios universitarios llevados adelante a puro sacrificio. No faltan quienes realizan en Télam jornadas más extensas que la requerida por el régimen vigente, por simple vocación, o poniendo su equipo personal porque la empresa no se lo proveía. Hay personas cerca de jubilarse, otras con la espalda rota por cargar toda una vida los equipos, otras madres que viven solas con sus hijos.

   Como respuesta a las patrañas de los funcionarios oficiales, sus ayudantes de segunda o de cuarta, su coro mediático privado que censura toda información inconveniente para el macrismo, COMUNA reproduce textos que algunos de estos trabajadores y trabajadoras publicaron en los ambientes digitales, tal como lo hicieron. Con su lenguaje, su espontaneidad, su angustia, su desconcierto.

 

   Marina Bruton, redactora

   “Soy una de las 354 despedidas sin causa de Télam. Por primera vez en mi vida me llegó un telegrama. Trabajé durante 13 años en Olé y Clarín, pasé por ESPN, DeporTV y Fútbol para Todos. Nunca vi una cosa igual en materia de cinismo y perversidad. Gracias a todos por el apoyo”. 

 

   Natalia Concina, editora y redactora

   “Me echaron. Después de 13 años, me notificaron que no soy el perfil del periodista que necesita la “nueva” agencia Télam. ¿Será porque durante estos años le hemos dado voz a personas en situación de calle, mujeres víctimas de violencia de género, adultxs mayores, personas con consumo problemático de sustancias, personas trans, víctimas de abuso en la infancia, y así podría seguir numerando un sin fin de etcéteras con notas que siempre tuvimos que remar? 

   “Pasé muchas gestiones, siempre tuve que defender mis notas, las de aborto cuando el kirchnerismo las prohibía o las de que había glifosato hasta en el algodón en pleno auge del modelo del agronegocio. También hice muchísimas notas de salud, contando sobre enfermedades poco frecuentes, sobre VIH, etc. 

   “No es fácil quedarse hoy sin trabajo. Pero lo que más me apena es pensar que todas estas voces no tendrán lugar en los medios públicos”.

 

   Carlos Daniel Aletto, director del suplemento literario; 336 suplementos fueron parte de su trabajo. Sufrió un infarto el año pasado.

   “Acabo de recibir la indemnización de Télam en mi cuenta. Sin un solo telegrama. Me echan con el mayor ninguneo. Sin un telegrama. 51 años: tres hijos, laburé y cumplí todos los días con mi trabajo. Saqué durante años el suplemento literario y ahora escribía notas en Cultura. Son cínicos, perversos. Como todos los macristas”.

 

   Vicky Benzaquen, trabajadora

   “Tuve el orgullo de trabajar para el Estado y no era un ñoqui, lejos de serlo estaba. Hoy me despidieron, como a otros tantos con esta gestión. Agradezco no ser uno de ellos, a los que no voté. Tengo mi corazón en todos y cada uno de mis compañeros que lloraron y me abrazaron hoy. Todo vuelve, solo eso. Acción-reacción, decía mi vieja!”

 

   Juan Rapacioli, Notero

   “Hoy me despidieron de Télam. Pero la frase correcta es: hoy nos despidieron de Télam. Somos más de 150 trabajadores en la calle. Van por 400. La limpieza ideológica es verso para la gilada que mira de afuera. Acá sacaron gente de todas las edades, posiciones, cargos y trayectorias. Acá metieron operadores con altos sueldos que no hacen nada. Acá estamos hablando de plata cuando deberíamos estar hablando de personas. Hay que decirlo: todos los jefes se borraron y nos dejaron solos esperando un telegrama o un mail que, con lenguaje orwelliano, invita a la nueva Télam. Hay que decirlo: todo lo que nosotros entendemos por cínico, perverso y malicioso, desde el gobierno se entiende como natural: haciendo lo que hay que hacer, dice el spot. Hay que decirlo: este sistema no se construye solo. No son sólo los Macri, los Caputo, los Lombardi que vienen a cumplir la tarea del recorte, son los colaboracionistas del oficialismo, serviles de un poder que nunca van a tener, personajes cool que vinieron a ceder la palabra y terminaron operando contra los trabajadores. Hay que decirlo: hoy, en la puerta del Centro Cultural Kirchner, nos mandaron a la policía en medio de un reclamo pacífico integrado por pibxs, viejxs, mujeres embarazadas, redactorxs, fotógrafxs, amigues y familias. Mientras firmaba el recibo del telegrama, el cartero me dijo: ‘Esta sociedad está colonizada, alguna vez vamos a tener que despertar’. Hay que decirlo: la lucha continúa”.

 

   Paulo Pecora, Redactor

   “Fines de 1992, pleno verano. Trabajaba estacionando autos en una playa ubicada en Tucumán y Junín. Manejaba coches, escuchaba música y leía un montón. Estaba feliz. Era mi mejor trabajo después de limpiar casas, reponer mercadería en una perfumería, engrasar cortinas, embolsar productos en un supermercado, lavar autos, repartir volantes en la calle, servir desayunos en un hotel, cocinar en McDonalds y Fudruckers, atender un videoclub y trabajar como lavacopas en un balneario. Un día recibí un llamado que me decía que andaban buscando gente para trabajar en la Agencia Nacional de Noticias Télam. Sin saberlo -porque no entendía nada de periodismo ni de periodistas- había tomado un curso en la UBA con el entonces jefe de redacción de la agencia. Y al parecer le había gustado una investigación que había escrito sobre el cierre del club Gas del Estado, donde había pasado grandes momentos de mi infancia y que el menemismo acababa de desmantelar. Acepté contento la invitación y entré en enero de 1993 como aspirante. Me tocó el turno de la madrugada, entre las 12 de la noche y las 7 de la mañana. Escribía de todo sin saber de nada: policiales, información general, política, lo que venga. Y aprendí un montón. Volvía a mi casa, desayunaba con mi madre y luego dormía unas horas antes de almorzar y partir a la universidad, donde cursaba Comunicación. A la noche estudiaba y me hacía una siestita antes de volver a trabajar. Así pasé un año entero, hasta que un día me promovieron a cronista y me mandaron a escribir noticias policiales. Trabajé en paralelo, para “curtirme”, en Crónica y en las revistas Esto y Shock Policial. Cubrí todo tipo de acontecimientos, entre ellos el crimen de José Luis Cabezas en Pinamar y el atentado a la AMIA en Buenos Aires (fui uno de los primeros en llegar y recuerdo que mi jefe me retó porque estaba ayudando a buscar gente entre los escombros en lugar de pasarle información por el celular que me habían dado). Después me picó el bichito del cine y la música y no sé cómo pero escribí pequeños textos para grandes revistas como Esculpiendo Milagros y Revólver. Y algunas curiosidades para la última página del suplemento Espectáculos de La Nación. Quizás porque era evidente que lo mío era el cine y la música, en la agencia me promovieron a Redactor y me llamaron a escribir en la sección Espectáculos. Paralelamente me formé como realizador en la Universidad del Cine de Buenos Aires (a donde entré con la intención de estudiar crítica y terminé estudiando dirección) y eso me ayudó mucho a entender mejor el mundo del cine, las películas y lo que me contaban sus directores. Entrevisté a muchísimos cineastas y aprendí muchísimo de ellos. Me tocó viajar y hacer la cobertura de la presencia del cine argentino en un sinnúmero de festivales como Cannes, San Sebastián, La Habana, Venecia, Karlovy Vary, Gramado, Toulouse, Biarritz, Huelva y Locarno, por nombrar sólo algunos. Paralelamente hice prensa para algunas películas y para una disc jockey, colaboré en otras publicaciones, trabajé como redactor y editor (en tres números) de la revista Haciendo Cine, como productor del noticiero de Espectáculos de Canal (á) y como productor y director de unos micros de noticias en MuchMusic. Todo eso me permitió entender mejor el funcionamiento interno del mundo en el que me movía (y todavía me sigo moviendo), conocer grandes amigos, aprender de otros cineastas y diversificarme aún más en mi trabajo. Ayer, después de 25 años, junto a otrxs 300 compañerxs, me echaron de la Agencia Télam sin causas ni explicaciones. Todavía no asimilé el golpe, pero espero tener la suficiente claridad para hacer como en el Aikido, y que esto me sirva para reconvertirme en algo mejor. Agradezco muchísimo todos los mensajes, gestos y palabras de solidaridad y apoyo que vengo recibiendo. Eso me alegra y me da mucha fuerza para seguir buscando un nuevo camino. Les deseo mucha fuerza a lxs compañerxs despedidxs! Y a todxs los que vienen sufriendo las políticas inhumanas de este gobierno vaciador”.

 

   Carlos Brigo, Foto Periodista

   “Comencé a laburar en fotoperiodismo en el año 1980, en Editorial Atlántida, de allí me fui al diario Crónica donde trabajé (12 hs x día de lunes a lunes, 12 hs por día y de lunes a lunes). Estuve en Crónica 18 años, allí me divorcié de Marta cuando Juli era una bebé hermosa y buena. Luego fui a Perfil hasta que cerró, luego Diario Popular por 10 años (1 sólo franco y 9 ó 10 hs de laburo, cobraba un poco en negro y otro tanto en patacones). En el Popu laburaba desde la mañana a la tarde y por la noche trabajaba en Revista El Grafico. Allí me separé de Laura, quien ya no está, mamá de Axel y Guillermina, dos pendejos increíblemente buenos. Allí tuvieron que intervenirme la espalda, destrozada por largos años de llevar el peso del bolso con el equipo. Año 2010, comencé a trabajar en Télam, trabajando más de las 6 hs que marca el convenio (y sin horas extras) sólo porque mi responsabilidad como empleado del Estado me lo exigía, uds me pagaban el sueldo y yo tenía que brindar mi trabajo, mi tiempo, mi esfuerzo y mi compromiso y responsabilidad social de informar y contar con mis imágenes nuestro tiempo, como hice hasta ayer. Pero soy kuka y choriplanero. No doy el perfil de una agencia ‘organ house’ de la Casa Rosada. La vocación, ese acto de amor, me atravesó la vida durante 38 años, en los que dejé hasta la salud. Tengo hoy 60 y las mismas ganas de siempre de salir con la cámara a seguir mostrando nuestra historia. Aquí, en Telam (desde que asumió este gobierno de ladrones, me sacaron el equipo y me pusieron a hacer nada, y sólo me permitían salir a hacer fotos cuando había alguna emergencia, y ahí salía con mi propio equipo de fotos. No quieren mi mirada y estoy muy orgulloso de lo hecho hasta aquí, desde aquel año 1980 hasta hoy, con muchísimos errores, un par de aciertos, mucho dolor y unas pocas alegrías. Hay en mi situación mas de 300 trabajadores que están sufriendo tanto o más que yo, ¿quién puede mensurar eso? Y perdón que sea autorreferencial, sé que mi historia es mínima, es la historia de mi vida y me voy con el ORGULLO de haber sido despedido por el gobierno de la fusiladora. Nunca seré como ellos.

 

   Carlos Nis – Periodista deportivo

   “Mis hijos lloran con el gol de Rojo, yo porque no se cómo decirles que hoy me echaron de la Agencia Télam después de 22 años”.  

 

   Leticia Giles, traductora

   “Yo entré época de la Alianza. Nada que ver con nada…y soy técnica. Cero política. Fui la traductora desde el 99 y ahora me dejaron sin trabajo con un bebé nacido prematuro… muy triste todo esto”. 

 

   Josefina Rousseaux, redactora

   “Hoy me despierto y como todos los últimos días, agarro el celular para ver si tengo alguna novedad laboral. Una compañera de trabajo me escribe: “Jo, fíjate que están depositando las liquidaciones por homebanking”. Esperé unos minutos para entrar y efectivamente: El modo que eligieron para despedirme a mí, y a otrxs tantxs compañerxs, es a través de una cuenta bancaria.

   “Ningún telegrama en mano, ninguna prueba empírica para procesar un duelo como merezco. La noticia de que estoy desvinculada del lugar en el que trabajé tres años es a través de algo que por el momento no tiene materialidad ni sustento legal. Así operan estas ‘nuevas derechas’: Con un nivel de desprolijidad e insensibilidad que estremece.
Para estas personas, que tienen un iceberg por corazón, las 354 personas que dejaron en la calle somos un número que tenían que reducir para que cierren las cuentas. De una Agencia Nacional “del futuro” como la pretenden llamar, ahora completamente desguazada.

   “Este recorte, como tantos otros, son ejecutados por títeres de titiriteros que a su vez son manejados por títeres que reciben ordenes de afuera. 

   “Tengo una tristeza y un profundo dolor porque de a poco caigo en la cuenta de que esas tardes rodeadas de compañerxs de una excelencia profesional y calidad humana, ya no van a estar. 

   “Yo tenía ganas de seguir aprendiendo y nutriéndome de las charlas, consejos, apreciaciones que hacían de mis tardes en el quinto piso de Belgrano 347. La realidad es muy dura, pero sepan que este intento de desmoralizarnos, de entristecernos, de disciplinarnos, nos hace más fuertes a mí y a todxs mis compañerxs.

   “Gracias a todxs por los mensajes, el apoyo, los abrazos y besos afectivos.

   “A los cínicos: No los vamos a dejar dormir!

   “No hay Télam si faltamos la mitad!

 

   Claudia Lanzi, periodista

   “No soy ñoqui, no soy un lobo vestido de cordero como dijo @herlombardi , hace 15 años que TRABAJO en la agencia y me despidieron y me dejaron en la calle siendo madre sola con un hijo”.

 

   Víctor Carreira, foto periodista, y Florencia Fazio, redactora

   “Hoy nos despertó el cartero. Sonó el timbre y abrimos: dos telegramas de despido. Nos quedamos sin trabajo, mi compañera y yo. La primera reacción fue comentarlo en el grupo de Whatsapp que tenemos los trabajadores de Télam. Ahí, después de los mensajes de solidaridad, empezaron a llegar novedades: más y más despidos. Nadie entendía bien por qué.

   “Y se suman de a 100. Ya son más de 300, pero no podemos precisar cuántas personas despedidas hay por el perverso sistema que eligieron para avisarnos. Telegrama de despido o mail confirmando que se sigue. El comentario entre compañeros y compañeras es: ‘¿A vos te llegó el telegrama o el mail?’. Y no sabés la angustia que tienen los que todavía no recibieron nada. El limbo. Nos vamos preguntando, quién sí y quién no.

   “Sin dudas, esta es una medida de amedrentamiento. Quieren generar internas, separar las aguas, que exista el conflicto entre trabajadores, que los que siguen no reclamen por temor a perder el trabajo.

   “Yo llevo 11 años trabajando como fotógrafo en la agencia y Flor Fazio, mi compañera, 9 años como redactora. Muchos años. No entendemos el criterio de los despidos. La única razón es reducir por azar. Y nos tocó. Y pueden ser más.

   “Pero vamos a seguir en la lucha. Ahora en mi casa todo es tristeza, pero con Florencia vamos a salir de esta situación juntos”.