Trump, jefe de campaña

El permiso al Banco Central para financiar la timba con dólares de la deuda se la debe Macri a Donald Trump: el monstruo dio la orden al FMI, que ni siquiera se reunió para discutir la medida. Esta anomalía evidencia que la campaña electoral en Argentina es asunto de la geopolítica internacional, como confiesan algunos columnistas del oficialismo. Por lo demás, los soldados se esmeran con el nuevo juguete, el “acuerdo de gobernabilidad”.

Foto: Carlos Barria – Reuters

   Con velocidad de un rayo, están casi olvidados en las columnas de Clarín y La Nación los ostensibles movimientos para que Macri resigne el proyecto reeleccionista en beneficio de Vidal. Dan a esta alternativa del macrismo como prácticamente sepultada aunque este domingo 5 de mayo, Van der Kooy en Clarín se pone levemente díscolo para decir que el jefe de gabinete Peña consiguió solo “una tregua” en Cambiemos.

   En el contexto de la ofensiva estadounidense para tomar a Venezuela por asalto se inscribe el rechazo de Trump, tecleó Pagni el jueves en La Nación, a una “regresión”, es decir a un regreso del kirchnerismo al poder político mediante elecciones.

   Al día siguiente, Bonelli en Clarín habla de severas discusiones en el FMI sobre el permiso a Macri para que los dólares que le envió los queme en la plaza cambiaria, un mecanismo que en su momento, dijeron estos mismos medios oficialistas, hicieron que Lagarde ordenara el despido de Caputo, el “Messi” de las finanzas. El columnista multimedio de Magnetto dice que los europeos que están en el Fondo se escandalizaron con esta posibilidad pero al final se doblegaron ante la orden de Trump: salvar a Mauricio.

   La decisión que contradice la doctrina que el FMI dice defender fue inscripta el sábado, por el columnista Olivera de La Nación, en la disputa internacional, en la que el multimillonario Trump quiere asegurarse el patio trasero, y puja por eso con Rusia y China. Olivera dice que Macri tendrá que ver qué hace con esto, porque su gobierno tiene acuerdos vigentes con China, y tiene perspectivas de otros, pero tendrá que ver si Papá Donald no le ordena olvidarse de todo.

   La misma línea sigue Morales Solá en La Nación el domingo: Argentina en medio de un “destello” de la Guerra Fría, que se refiere centralmente a Venezuela, donde Trump está más decidido que nunca a meter las garras. Esto es lo que explica -no lo dice el macrista número uno de la Argentina- que Macri sea siempre el primero en cacarear, sobre la crisis en Venezuela, lo que Trump espera, y el primero en aplaudir cada acción de Trump contra Caracas.

   En esta línea se inscribe la andanada antichavista de Clarín, expresada en la tapa del domingo en boca del lobista ex presidente de gobierno español Felipe González, que de socialista pasó a gestor de las corporaciones, principalmente españolas aunque no solo, depende quién pague…

   Alrededor de este nudo que es más internacional que nacional giran mil juegos de artificio. Los tanques ametrallan en todas las direcciones y se entretienen y nos entretienen. El chiche más reciente es el plan de un acuerdo que la prensa macrista bautizó rápidamente de “gobernabilidad”, para encubrir que quiere arrancarle a opositores y pseudo opositores el compromiso de continuar la política económica que, otra vez, ni siquiera es de Macri ni del impresentable Dujovne: garantías para los capitales extranjeros, pago de la deuda, destrucción de la legislación laboral y del sistema previsional. En fin, un país típico del Tercer Mundo, tierra arrasada para la carroña financiera y bancaria multinacional.

   A este plan la prensa oficialista le llama “acuerdo de gobernabilidad”. Hubo unas primeras horas de confusión: el viernes Kirschbaum escribió en Clarín que fue una iniciativa de Massa, Pichetto y Urtubey. Lo mismo dijo Pablo de León: el acuerdo lo pidió el PJ “bueno”, el “racional”, cuya máxima y ponderada estrella es Pichetto.

   Pero pareciera que alguien levantó el teléfono y gritó: ¡Idiotas. El que está al frente es Macri! Y así se multiplican títulos y columnas que dicen todas lo mismo: que él tomó la iniciativa, que cambió su viejo rechazo a este tipo de acuerdos, que llama a tal y cual y dialoga y conversa. Centralidad total para el candidato de Trump, el candidato de Bolsonaro, el candidato de Piñera.

   El contraste con esta “racionalidad” es, obvio, Cristina Fernández de Kirchner y todo su movimiento. Para demostrarlo, sargentos, cabos primeros y soldados rasos teclean al unísimo que lo demuestran las posturas del kirchnerismo sobre Venezuela, cuya crisis -dicen todos- le viene excelente a Macri para aterrorizar al electorado. La vieja y querida fórmula: “Yo o el caos”. En la misma secuencia, recitan todos obedientes contra el libro “Sinceramente”, casi con las mismas descalificaciones, el mismo desprecio, el mismo odio. Formación compacta por Pagni, Morales Solá, Kirschbaum, Wiñazki, Van der Kooy, Fernández Díaz, Majul.

   El acuerdo “de gobernabilidad” será firmado, dicen los columnistas, por los que quieran que Argentina “no se convierta en Venezuela”, consigna ya usada en la campaña de 2015. Esto arrinconará al kirchnerismo, complicará a los gobernadores y de hecho ya sirvió, como festejó Clarín en nota de Braslavsky firmada el sábado, para dividir al peronismo “no K”.

   En esta recuperación de la ofensiva política del dispositivo gobernante, después de ver a Macri no solo derrotado en octubre sino con dificultades para llegar a octubre, los tanques no se privan de otras patrañas, volviendo bastante estúpidas las tan condenadas “fake news” que dicen repudiar: Clarín e Infobae, por caso, titularon por igual el miécoles que el paro nacional del 30 de abril fue “un fracaso”. Y La Nación también adhiere el domingo al recurso “fake news”: dice con gran pompa que hay un “fuerte respaldo de la Iglesia” al “consenso” que busca el gobierno. Pero la “Iglesia” es en realidad solo un obispo, el de Rosario, días después de una reunión colectiva con Francisco, y que habla a título exclusivamente personal.