Un golpe feroz a la pluralidad informativa

 Página/12, el único diario de alcance nacional y tirada cotidiana cuya línea editorial es abiertamente opositora al gobierno de Mauricio Macri, se quedó sin una de sus firmas fundadoras. Pasaron varios domingos hasta que el periodista Horacio Verbitsky anunció a sus lectores que se alejaba de la publicación en la que hacía 30 años escribía para encarar -dijo- otros proyectos. 

 
 
Todos en esta profesión sabemos de la importancia que implica perder en un medio de comunicación masiva a este periodista, también al frente desde hace varios años del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y del valor de sus informes dominicales para que la población acceda a reportes que ningún otro comunicador realizaba.
 
No obstante, en la misma jornada,  el periodista puso online el sitio web El Cohete a la luna, en el cual publicará a partir del 10 de diciembre sus columnas de los domingos, entre otros contenidos, que será aportados también por colegas que menciona en ese espacio. 
 
En ningún lado dice en forma directa que su alejamiento del diario se deba a amenazas para acelerar causas judiciales contra Víctor Santa María, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Edificios y Renta Horizontal, la entidad propietaria de Página/12, y presidente del Partido Justicialista de la capital. Tanto en redes sociales como en otros periódicos circuló la versión de que la presencia de Verbistky era el motivo de la persecución al sindicalista, que ponía en riesgo la continuidad del matutino, cuyos trabajadores vienen denunciando retraso de salarios, la no aplicación de ajustes por paritaria y la apertura de retiros voluntarios. 
 
Uno de los que trató el tema fue el periodista Carlos Pagni en una nota publicada en octubre en el diario La Nación. Allí sostuvo que un dirigente justicialista expresó que “aunque Macri nunca lo quiso, por enfrentamientos que vienen de Boca Juniors, el problema no es con Víctor. Es con Verbitsky, por las notas que escribió sobre el blanqueo impositivo”.
 
Esos artículos involucran a familiares y amigos del presidente, desde su hermano Gianfranco Macri a su amigo Nicolás Caputo. 
 
Lo que sí dice Verbitsky en su nuevo espacio, al que invita a sumarse para recibir la información por email, es que “el otro responsable de que este cohete despegue hacia la luna se llama Maurizio Macrì y cree que sus órdenes son deseos para todo el mundo, ¿o era al revés? Furioso por la publicación de mi primera nota en Página/12 y en Economía Política sobre el blanqueo de capitales de su hermano Gianfranco, de su hermano de la vida Nicky Caputo, del presunto comprador de la empresa familiar, Marcelo Mindlin, del cuñado de su secretario legal y técnico Pablo Clusellas Zorraquìn, del primo de su jefe de gabinete Alejandro Jaime Braun Peña, de su suegra Pomi Awada y de sus cuñadas Leila y Zoraida dijo que el país estaría mejor si pudiera meter en un cohete y enviar a la luna a 562 personas. Muy Méliès, el presidente. Si fuera más Lumière, habría que mostrar 562 secuestros y asesinatos, tipo Triple A. Mejor que no”.
 
Está claro que la voz de Verbitsky no se callará, pero el hecho de que ya no se cuente con él en un medio masivo de comunicación reviste una gravedad enorme, que se suma a la larga lista de periodistas que han sido despedidos u obligados a renunciar, como los casos de Víctor Hugo Morales y Roberto Navarro, y al ahogamiento financiero que han sufrido medios no afines al gobierno. 
 
En dos años han perdido su fuente de trabajo 2.500 periodistas en Argentina. Esta realidad habla de una situación en la que la pluralidad corre por vías de comunicación alternativas, medios que no logran masividad o redes sociales, y no por los espacios de prensa públicos y privados a los que accede con facilidad la mayor parte de la población.
 
La libertad de expresión no está garantizada en este país no sólo por este hecho sino porque el temor a la pérdida del trabajo pondrá a todos los periodistas que conservan su fuente laboral en un lugar de dificultad y temor a la hora de informar y de defender sus principios.