¡Vamos! (¿A dónde?)

El periodista y presidente de Comuna, Hugo Muleiro, analiza la campaña publicitaria que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires despliega en la vía pública, desmenuza sus mensajes superficiales y se interroga sobre los objetivos comunicacionales vaciados de contenido político que ya han tenido un efecto resultadista en las elecciones presidenciales del año pasado con el slogan Cambiemos. 

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Por Hugo Muleiro para Página/12

Si la campaña publicitaria intensa que realiza el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires estas semanas fuera indicativa de determinaciones políticas del partido gobernante en el distrito y del jefe de la administración, no sería del todo fantasioso pensar que Horacio Rodríguez Larreta quiere gestionar un parque de diversiones, o ser alcalde de Disneylandia.

Sin embargo, ya quedó demostrado cuan desacertado es menospreciar los mensajes, las imágenes, los colores, los globitos, las sonrisitas, las palabras que aparentemente no dicen nada, en fin, el entramado de teatralizaciones -como bien las llama Horacio González- que el PRO usa a toda conciencia para escalar en el poder, influyendo en los planos más formales -como los procesos electorales- y en los simbólicos.

La campaña parece referirse únicamente a los ánimos expansivos que, según la convención, son obligatorios en primavera. Un objetivo modesto si no fuera porque el comienzo del mensaje trae el título “la ciudad la hacemos entre todos”, lo que da derecho pleno a invocar prioridades, asuntos mucho más desafiantes que la elección de un lugar de paseo o cuál trinar de los pajarillos.

Dada la magnitud del esfuerzo económico -la campaña aparece en cuanta emisora se sintonice y se desarrolla también en la vía pública-, puede suponerse que el elenco gobernante le dio más peso y significado que un mero divertimento de estación. Así: ni hacemos entre todos educación, ni seguridad; ni salud pública hacemos, ni mejoras en el tránsito y planes productivos. Lo que hacemos entre todos es “morfar”, “chusmear”, “gambetear”, “besar”, “matear”, “fotear” (genial inventiva del guionista para evitarnos el agotador verbo “fotografiar”), “fichar”, “joder”, “cantar” y “desconectar”.

Este conjunto de acciones: A) ¿define lo que en verdad hacen los habitantes de la ciudad? B) ¿expresa el modo en que los “creativos” ven a esos habitantes? C) ¿resume la propuesta que Rodríguez Larreta y su elenco formulan o, dicho de otro modo, es lo que desea que los habitantes hagan? Si alguna de las tres posibilidades abarca en porción significativa a por lo menos una parte de la vecindad, lo primero que solidariamente se puede proponer es evacuar con urgencia.

Pero no es todo. La mayoría de estas acciones son mostradas como netamente individuales: no hay casi interacciones humanas, no hay comunidad. Lo de “chusmear”, actividad que necesita de por lo menos dos personas, se reduce a una sola, una mujer mayor que, eso sí, tiene la fortuna inmensa de estar sentada muy tranquila en la vereda, como si viviera en otra ciudad. El “beso” es inevitablemente de una joven pero no se lo da a otro ser viviente, sino a la lente. Y así: quien matea lo hace también con la cámara y quien “fotea” tiene el inconmensurable acto creativo de tomar imágenes de automóviles que avanzan por una avenida. Un músico toca en un pasillo del subte pero esto es “desconectar”, lo que subvierte rotundamente el sentido de esa acción, salvo que se acometa en la más perra de las soledades.

Y llega el remate: mientras la voz nos habla de disfrutar la ciudad, Rodríguez Larreta morfa con otras dos personas, eso sí, sin rostro. Cierra la consigna optimista: ¡Vamos Buenos Aires!

Todo esto es marca PRO. Como toda fuerza derechista que se precie de modernidad comunicacional, el partido de Macri nunca hizo enunciados políticos reconocibles, salvo sus exabruptos o pronunciamientos fuera de planificación, aunque sí sabe hallar y explotar recursos de alta efectividad, en lo que es ejemplo principal el “Cambiemos” con el que triunfó. Pero aún nutriéndose en esa matriz, el capo porteño atraviesa límites. Es diferente a la gobernadora Vidal, quien puede abandonar la sonrisa perenne y componer gesto cariacontecido para pisar unos charcos de “zona inundada”, o fatigarse en alguna reunión con intendentes pensando en la votación de 2017, mientras impulsa un impuestazo y una toma de deuda que solo puede hacer sonreír a la carroña financiera que tan bien representa Alfonso Prat-Gay.

Si hasta Macri, que es hombre de agotarse con cierta facilidad, va al Gran Buenos Aires y asume el trabajo de actuar junto a unos pobres. Más piola es Rodríguez Larreta, que aceptó el esfuerzo para esta pieza, pero frente a una envidiable picada.

El Jefe de Gobierno y/o su laboratorio, ¿acaso saben que en estos mensajes quedan representados los “vecinos” que ya lo respaldaron una vez? Si estos votantes se dieran por hechos con “chusmear”, “joder” y “fotear”, tiene la reelección asegurada.

* Escritor y periodista, presidente de Comunicadores de la Argentina (Comuna).

Publicado originalmente en: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-311558-2016-10-12.html