Verde abril del país fallido

La eventual estabilidad del dólar estable durante abril es la única perspectiva positiva que esbozan columnistas de Clarín y La Nación para mantener la ilusión de retener el poder en octubre. Pero a la vez regresaron al discurso del país fallido, malogrado, fracasado, por culpa del sistema político. Frases como: Macri intentó un cambio cultural pero fracasó. O “Drácula es argentino”.

   Una vez más coincidieron los títulos principales de ambos diarios: el domingo 31 de marzo buscan promover confianza en el mercado cambiario, en línea con la convicción del macrismo duro, según la cual la continuidad de la devaluación no dejará margen para sostener el proyecto reeleccionista.

   El intento se basa en la esperanza de que la patronal agraria liquide dólares y en el permiso que el FMI le dio al gobierno para quemar reservas para controlar el dólar, aparentemente a partir del 15 de abril.

   Y eso es todo: ninguno de los hasta ahora entusiastas columnistas del macrismo encuentra motivos para sostener al gobierno. Más aún, vuelven a apelar al tantas veces usado discurso del país sin solución ni salida, por culpa de “la política”.

   Es una serie sostenida en pocos días: el jueves el editor Gambini, de Clarín, habla del país paralizado, por proyectos de ley que no avanzan en el Congreso y, claro, embiste al kirchnerismo. El sábado Miguel Wiñazki, en el mismo diario, enumera problemas, crímenes, “bestialismo”, y dice que Drácula “es argentino”. El domingo, Van der Kooy en Clarín, hace una lista triste: El fiscal Stornelli acusado, Rosenkrantz aislado en la Corte, Carrió que denuncia un golpe y nadie le da importancia; Cristina “usa” la enfermedad de su hija; más pobreza, inflación imparable, Macri que dice que “hay que aguantar”, y el Congreso que es “una suerte de parásito”. En fin, redondea, una “disfunción sistémica”: “Los principales candidatos para octubre han sido, en distinta dimensión, los fogoneros de esta crisis. Son quienes acumulan el mayor nivel de rechazo en la sociedad”.

   Ante las crisis de Alfonsín y Menem, dice el columnista principal del domingo en Clarín, la política encontró salidas, pudo evitar que “se desmadrara todo”. El kirchnerismo empeoró la situación y aunque Macri “ha hecho esfuerzos” contra la “decadencia ética y moral”, no logró revertirla. Y ahora, teclea el columnista depresivo, no sabemos si los dirigentes y el sistema político pueden sacar al país de “esta ciénaga”.

   Las preguntas que este tipo de enfoque plantea son dejadas sin respuesta: es decir que quienes dictan este discurso no tienen plan -algo difícil de creer-, o no pueden confesar aún cuál es ese plan. Ya se verá. Lo cierto es que Liotti, en La Nación, el mismo día, escribe una nota igualita a la de Van der Kooy: país “disfuncional”, cada quien está en lo suyo, el Congreso no sirve para nada, la Corte es un desastre porque toma decisiones irresponsables, y la economía es una calamidad. Macri quiso un cambio cultural, pero no pudo.

   Hay otra coincidencia en esta serie de notas que refleja el típico discurso oligárquico del país fallido: ninguna menciona a Lavagna como una salida posible, siquiera como mal menor para el dispositivo que está en el poder.

   La defensa de Stornelli por los tanques mediáticos está desmañada, casi nadie se atreve a hacer el ridículo negando la denuncia de que en el país funciona una mafia integrada por fiscales y jueces federales, espías nacionales y extranjeros y periodistas con sus medios. Solito este domingo aparece en Clarín Nicolás Wiñazki, en una nota en la que dice que el juez federal Ramos Padilla contradijo o casi negó en la Comisión de Inteligencia lo que había dicho ante la Comisión de Libertad de Expresión. Quiere ser irónico, habla de dos personas diferentes o de una persona con doble personalidad, en una nota escrita para desacreditar al juez.

   La dispersión se nota también en otros detalles: Clarín presenta el domingo a Macri asistiendo a la reunión de Vidal con su gabinete en Chapadmalal para mostrarse fuerte, para unir Cambiemos y alejar fantasmas de división. Es una nota de Fioriti con un tono de fiestita de amigos. Tanto que relata que Macri, incorregible como diría Borges, le daba buena atención al partido que jugaba su club, Boca, el viernes a la noche, para lo cual le pusieron un televisor.

   Pero en La Nación se usa la misma foto para un sentido completamente contrapuesto, en nota que firma Rodríguez Yebra: en Cambiemos hay miedos, reproches, Macri busca revivir el “optimismo” ante la “pesadilla” de una derrota. Macri está irascible, reprocha a los suyos “falta de compromiso”. Vidal y Larreta hacen tándem contra Peña-Durán Barba. Y Vidal, espantada por la perspectiva de derrota electoral, ve que ya no tiene tiempo para desdoblar elecciones. Y a esto se suma el espionaje a la “vida privada” de la gobernadora: Macri le tuvo que pedir, dice la nota, que ella no haga una denuncia ante la justicia.

   En medio de este panorama desastroso, concluye, lo que le queda al gobierno es esperar la liquidación de divisas de la cosecha para que, junto con el uso de reservas para intervenir en la plaza, el dólar se mantenga estable en abril.