Vidal sí que está caliente

Los columnistas de Clarín y La Nación se dividen, raro en ellos, entre quienes creen en un nuevo Macri y quienes dicen que se lanzó a asumir un nuevo personaje por órdenes de Durán Barba. Pero algunos relatan que la que de verdad está caliente es la gobernadora Vidal, por el riesgo de derrota electoral y por el espionaje desde adentro de Cambiemos.

   Estos y otros avatares de la alianza gobernante transcurren en medio del aumento del espacio en estos medios a Roberto Lavagna, aunque sin privarse de algunos toques de malicia hacia el ex ministro.

   El desastre que para Cambiemos es la causa D’Alessio/Stornelli a cargo del juez de Dolores Ramos Padilla es enfrentado con esfuerzos desmañados por crear novedades resonantes con las fotocopias: títulos gigantes y hasta cuatro notas por día, sobre todo en Clarín, para presuntos dichos del ex contador Manzanares, que apenas repiten las versiones ya publicadas sobre bolsos, bóvedas, tesoros escondidos.

   Este domingo 24 de marzo Van der Kooy dice abiertamente en la nota política principal de Clarín que Vidal necesita sí o sí el corte de boleta para retener la provincia, porque Macri la tira hacia abajo. La macrista más fiel está “molesta”, igual que Rodríguez Larreta. Un ministro bonaerense sin nombre repone, dice, el proyecto de desdoblar la elección en la provincia.

   Jorge Liotti se aboca a este mismo tema en La Nación, donde este domingo no aparece el columnista de cabecera, Joaquín Morales Solá. Después de describir un país en el abismo por la incertidumbre electoral y el desastre económico, con un “funcionario nacional” que habla de hartazgo por las malas noticias, llega al “miedo a perder” que padece Vidal, más el enojo por el espionaje de la banda D’Alessio/Stornelli.

   Estos fueron temas en la reunión de media hora dentro de una camioneta entre Macri, Vidal y Rodríguez Larreta. Nadie sabe qué paso allí, dice, solo que hubo “tensión”. Y a renglón seguido Liotti habla de que reapareció el “fantasma” del “renunciamiento” de Macri, es decir el “Plan V”, pero asegura al final que esto “no tiene asidero”.

   Sobre la Vidal indignada escribió también Damián Nabot en La Nación, el sábado. ¿El espionaje viene de la Rosada?, dice el columnista que se preguntan en La Plata. Y afirma que antes que se produjeran las novedades de la causa D’Alessio/Stornelli, Vidal ya sabía del espionaje. Y, todavía más, escribe que “lo que nadie pudo negar” es que D’Alessio “tuvo el respaldo suficiente para sentarse en reuniones de seguridad previas a la Cumbre del G-20 con miembros del gobierno”. ¿Teléfono para Bullrich, para Carrió, para la embajada?

   Después de resistir durante semanas y publicar mil operaciones contra Ramos Padilla, contra el empresario denunciante de una de las extorsiones, y tras publicar alegremente las escuchas ilegales usadas por Elisa Carrió para tratar de encubrir la existencia de la mafia entre jueces, fiscales, espías y periodistas, La Nación parece más encaminada, sobre todo con las notas que viene publicando Carlos Pagni, a aceptar la consistencia de las pruebas que está reuniendo el juez federal de Dolores.

   El domingo, de hecho, el diario parece asumir que a Stornelli le queda poco margen o poco tiempo, y por eso anuncia -con firma de Candelaria Ini- que el fiscal está acelerando al máximo posible para elevar a juicio la causa de las fotocopias y así “blindar” su trabajo. Habrá que ver si el juez Bonadío se presta o no a esta maniobra.

   En tanto Macri hace sus despliegues. ¿Es una nueva estrategia o mera desesperación?, pregunta Van der Kooy, que no da respuesta. Dapelo, en La Nación, dice que “sí está enojado”, y que no se trata de una mera manipulación de Durán Barba.

   El único hilo permanente en la orientación editorial de todos estos escribas es la dosis habitual contra Cristina Kirchner, los juicios que la esperan, la sospecha de que miente con la salud de su hija Florencia y la afirmación reiterada de que su única oportunidad es ser candidata.

   Al ex ministro Lavagna le van dedicando espacios crecientes. Un presunto crecimiento en algunas encuestas, su estrategia de no ir a internas en Alternativa Federal y la dificultad principal para ello que, dicen, es Sergio Massa.

   En lo que puede ser considerada una estrategia de ambos diarios en general tendiente a instalarlo como una posibilidad electoral fuerte, con espacios muy superiores a la adhesión popular que de momento tiene, asoman los primeros actos de malicia hacia el ex ministro.

   Ya lo había hecho el domingo 17 de marzo Kirschbaum, el jefe de redacción, que citó dos veces en una misma nota que los empresarios que apoyan a Lavagna son “los de los cuadernos”, tratando de contaminarlo con la “corrupción K” y como si esos empresarios no fueron los mismos que apoyaron abiertamente a Macri, con dinero para su campaña. Otro toquecito lo hizo el sábado Obarrio en La Nación: lanza versiones de “cortocircuitos” de Lavagna con Eduardo Duhalde, a quien el ex ministro le reprochó supuestamente su “diálogo secreto” con Cristina Kirchrner.

Estos movimientos parecen anticipar que si Lavagna se consolida como candidato, deberá sentarse a negociar si quiere evitarse que los tanques mediáticos lo ametrallen con versiones y datos, reales o falsos. Lo mismo da.