Y ahora, ¡a brindar con Pato!

Adhesiones expresas y altisonantes, y otras más cautelosas, fueron tipeadas por la mayoría de los columnistas del macrismo en Clarín y La Nación a la iniciativa de Patricia Bullrich para legalizar el gatillo fácil. Bullrich es Macri, desliza alguno de ellos. Por esto, Carrió tiene su buena dosis de maltrato: desde acusaciones de favorecer a la oposición hasta el mediocre encuadre machista de un problema de “celos” entre mujeres.

   “La prioridad consiste en resolver la angustia social por la inseguridad”, escribe el domingo 9 de diciembre Morales Solá en La Nación, una de las mayores expresiones de apoyo a los propósitos de Bullrich, es decir Macri. Este escudo encubridor, con muchos capítulos en otros columnistas, tiene la debida escolta de encuestas según las cuales la mayoría de los argentinos está a favor de la iniciativa.

   La aparente piedra en el zapato resulta Carrió, aunque con muchos otros escribas Morales Solá dice que no romperá con Cambiemos y, más aún, pronostica una pronta reunión con Macri.

   Van der Kooy, en Clarín, hace una especie de sincericidio, cuando dice que a Cambiemos le conviene este debate, como -afirma- lo cree Durán Barba, para sacar de la agenda el desastre económico que padecen millones de argentinos (igual a lo escrito por Laborda el sábado en La Nación). Y al abocarse a Carrió, menciona el “sitio estelar” de Bullrich al lado de Macri, con lo que resbala hacia la cloaca argumental de competencia entre mujeres, cosa de polleras.

   Similar a lo que tecleó Sirven en La Nación, quien afirma que el protocolo es “muy cauto” y solo habilita a tirar “cuando sea estrictamente necesario”. Pero el debate en el país es “tosco”. Y la “arremetida” de Carrió es funcional a la oposición.

   Nada proclive a sutilezas, el viernes en Clarín publicó que Carrió “está celosa de Patricia”, interpretación machista que pone en boca del jefe de gabinete Peña, mientras a Macri le atribuye un “Carrió habla como Maradona”. Esto no como elogio, claro, sino como expresión de desprecio.

   Lo cierto es que este tema toma buena parte del espacio mediático de estos días y es un paso en la campaña reeleccionista 2019 lanzada después del reiteradamente relatado “éxito” del G-20 (tan grande éxito que, según Fioriti de Clarín, las masas populares felicitan a los funcionarios cuando los identifican por las calles, como publicó el sábado).

   Tan omnipresente es este tema que deja en segundo plano otro igualmente significativo: la ofensiva contra Techint y Paolo Rocca. El pedido de prisión preventiva de los fiscales Stornelli y Rívoli pone a esta empresa en retroceso y a merced de ofensivas de capitales estadounidenses para arrebatarle su lugar privilegiado como contratista del Estado y su participación en el gran negocio de Vaca Muerta. Se sabe que representantes de la Comisión de Valores (SEC) de Estados Unidos están husmeando como buitres en sus papeles.

   En esta operación, los columnistas de Clarín y La Nación presentan la novedad como un mero devenir judicial, que atiende un “problema estructural” argentino. Dicen que refiere a un “pacto de silencio” entre empresarios y “la política”, en lo que el clan Macri jamás es mencionado, como beneficiario directo del Estado por décadas ni ahora por detentar el poder en ese mismo Estado.

   El viernes, Bonelli dice que la ofensiva contra Rocca cayó como “una bomba” entre los “hombres de negocios”. Arriesga que al final de esta gigantesca operación internacional de las fotocopias nada menos que 110 empresarios argentinos quedarán en la lona, al menos procesados. ¿Para quién será este bocado? Siempre es bueno recordar que el embajador estadounidense, Edward Prado, viene diciendo a los “inversores” de su país que el momento de “invertir” en Argentina “es ahora”. Y también que uno de los “éxitos” del G 20 es que Trump “ofreció” una platita, 250 millones de dólares para empresas estadounidenses que sean beneficiadas con contratos.

   Varias menciones se lleva también el River-Boca del domingo 9 en Madrid: ninguno de estos héroes del periodismo independiente se acuerda de que todos los responsables del desastre tienen la misma pertenencia política: Bullrich y con ella Macri, Rodríguez Larreta y su ministro echado (hombre de Angelici), los jefes del operativo, todo el aparato judicial interviniente; Angelici, hombre del poder macrista, dueño de jueces y fiscales, y D’Onofrio, gran amigote del poder, macrista confeso y cómplice de una estafa mayúscula a su propio club.