Con cartas ocultas

El macrismo parece asumir abiertamente el riesgo de derrota electoral, incluso en primera vuelta. Columnistas de Clarín y La Nación describen esta percepción gubernamental con tonos algo trágicos, atenuados apenas por esperanzas cuyo fundamento es puesto en duda. Lo que nadie dice es qué hará el poder para impedir la derrota, aunque asoman indicios: más procesamientos y más escuchas.

   El margen de acción del macrismo es definido como insuficiente. Un intento por publicar encuestas que dieran a Macri-Vidal como ganadores duró lo que un suspiro. El tono opositor de la reunión del Frente Renovador profundizó el pesimismo, aunque Clarín sigue con lo que parece un acto de malicia: vuelve a decir que es posible que Massa arregle boleta con Vidal, ya que viene dándole apoyo en la provincia desde que asumió.

   La complejidad de la etapa para el macrismo se refleja en las líneas editoriales, donde hay desganos, contradicciones y groserías: ignorar casi por completo un paro nacional contundente; esconder -salvo una única nota- el enorme enigma político que expresa la presencia de Stornelli a dos metros de Macri en un acto oficial, atacar a Cristina Fernández de Kirchner por una frase sobre la soja hace diez años.

   Pero, como es obvio, esta gente no se va a resignar a perder, y lanza operetas a la espera de que el poder que controla al macrismo haga alguna jugada de fondo. Una de ellas la encabeza el domingo 2.6 Kirschbaum, en Clarín, cuando dice que Massa, exponente de un espacio político que acaba de llamar “energúmeno” al presidente, negocia con Vidal para compartir boleta en la provincia de Buenos Aires. Es decir; que Vidal vaya con Macri y vaya con Massa.

   La maniobra es harto difícil, porque necesita aprobación política de Peña y un decreto que desdiga otro decreto firmado por Macri hace unas semanas, cuando prohibió las colectoras. Pero además significa que Massa traicionará el mandato que recibió.

   También en Clarín, Fioriti, en una nota sobre “malhumor social” en la que todos los políticos -salvo la primera línea de macristas- son descriptos como erráticos y poco confiables, desliza así como distraído que Bonadío, siguiendo el calendario electoral como ya hizo en 2015, prepara otro procesamiento para la ex presidenta.

   Más abiertamente se ocupa de “Ella” Joaquín Morales Solá, en La Nación. Preanuncia que unos dichos de Lázaro Báez, que aparecieron en escuchas telefónicas y ya fueron desmentidos, serán vitales para volver a acusar a la ex presidenta. Y como esto “desespera” al kirchnerismo, lanzó dos “estrategias”: la causa de Dolores por la mafia Stornelli-D’Alessio (el columnista incluye al juez Bonadío), y las declaraciones que varios “arrepentidos” de la causa fotocopias hicieron ante escribanos para denunciar que fueron presionados ilegalmente por el juez y el fiscal.

   El columnista tiene poco y nada y su nota termina penosamente: pone a Stornelli como víctima de un complot, la ya formidable estupidez de afirmar que todo cuanto acontece en la causa de Dolores lo arman los “presos K” en prisión, manejando jueces, fiscales, espías, empresarios, con filmaciones, conversaciones telefónicas, chats, etc. Eso sí, lo que agrega esta nota es que todo esto fue autorizado “personalmente” por “Ella”.

   Los “presos K” motivan otra nota de ubicación preponderante el domingo en Clarín, con este título: “Presos K: sufren en la cárcel pero se esperanzan en salir si gana Alberto Fernández”. Es decir que aspira en una línea ya ensayada por los diarios oficialistas: habrá denuncia de “pacto de impunidad” como un eje de campaña de Cambiemos.

   La nota política principal del domingo en Clarín, la “Trama política” que firma habitualmente Van der Kooy, esta vez pasa sin pena ni gloria. A cargo de Fernando González, se desliza por una montaña de lugares comunes, como que Macri estará contento si gana Vidal y triste si la gobernadora pierde. ¡Tremendo hallazgo periodístico!

   La definición de la fórmula macrista toma también varias notas y gran espacio: que si Bullrich, Stanley, Sanz, Lousteau, Urtubey, todas posibilidades supuestamente abiertas, con vistas a una campaña en la que Peña tiene alistados, escribió La Nación el sábado, un ejército digital de 300 mil personas, para intervenir en las redes. Eso sí: son “voluntarios”, valerosos que, por amor a la Patria, seguirán las órdenes del jefe de gabinete bajo el concepto de intervenir en la segmentación social y política que parece caracteriza a la Argentina, como a tantos países, y con el propósito de “llegar a las subjetividades”.

   Un solo columnista, y de tercera línea, Carelli Lynch de Clarín, intentó el jueves explicar cómo ocurrió que Macri, un muy cuidado producto de laboratorio de imagen, que le diseña gestos, palabras, movimientos, tonos, vestimenta, etc. etc., haya quedado en el acto del Día del Ejército a dos metros de Stornelli, fiscal de la Nación en desacato, que ignora sucesivas convocatorias de un juez. El discurso oficial que esta nota despliega es que la presidencia no tuvo nada que ver, que ni se ocupó de ver quién iba a asistir y ni de quién iba a salir en fotos e imágenes junto al presidente: todo es culpa del Ejército, ellos organizaron todo.

   Los diarios oficialistas y sus brillantes analistas, siempre gustosos de destapar “tramas” y “secretos del poder”, que suelen saber qué se dijo en una reunión, en un avión, en un baño, ni se preguntan cómo a los máximos expertos de imagen que ha tenido el país en su historia ni pensaron en este acto y en lo que significa la foto Macri-Stornelli.

   No preguntan: ¿quién puso allí al fiscal? ¿Es un mensaje de Macri a Ramos Padilla? ¿O es un mensaje a Macri del poder al que Stornelli-Bonadío reportan?